Al leer el título puede preguntarse: ¿cómo relaciono el oriente con el occidente si se encuentran muy lejos y tienen muchas diferencias culturales, económicas, demográficas y geográficas. Solo tómese unos segundos y observe en su escritorio, cocina, habitación, baño o sala de estar y donde pueda tener herramientas que use para ordenar, trabajar, limpiar, vestir o comer, fíjese si llevan el conocido título “made in China” o hecho en China. Y no solo existen en el importante país asiatico sino ya en todo el planeta.
Harold Thibault escribe para el medio francés Le Monde un artículo titulado; La fuerza bruta de Donald Trump no expulsará a China de América Latina. En su trabajo analiza cómo la estrategia de confrontación directa y presión económica de la administración de Donald Trump no está logrando los resultados esperados frente a la creciente influencia china en América Latina. Que ha dejado de ser una simple relación comercial para convertirse en una dependencia estructural estratégica.
Pekín ha cambiado su estrategia. Ya no otorga los préstamos masivos de la década pasada (que generaron críticas por la «trampa de la deuda»). Ahora se enfoca en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) con proyectos más precisos y tecnológicos:
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Energía y Minería Crítica: China controla gran parte de la cadena de valor del litio en el «Triángulo del Litio» (Argentina, Bolivia y Chile), vital para la industria de autos eléctricos.
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Infraestructura Estratégica: Proyectos como el Puerto de Chancay en Perú (inaugurado a finales de 2024/2025) funcionan como «hubo» que conectan directamente a Sudamérica con Asia, reduciendo semanas de navegación.
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Tecnología y 5G: Empresas como Huawei y ZTE son los principales proveedores de infraestructura digital, lo que genera tensiones con EE. UU. por temas de ciberseguridad.
Un crecimiento chino enorme
Esta realidad nos llama a tomar medidas para controlar lo que y cuanto usamos para y por lo que sea.
En artículo Thibault habla también sobre el Dominio Comercial y «Precarización»
China es hoy el primer socio comercial de la mayoría de los países de América del Sur (Brasil, Chile, Perú, Argentina). Sin embargo, este intercambio es desigual:
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Exportaciones latinas: Se concentran en materias primas (soja, cobre, petróleo, carne). Esto ha generado críticas sobre una «reprimarización» de las economías locales.
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Importaciones chinas: La región recibe manufacturas de alto valor, especialmente vehículos eléctricos (marcas como BYD y MG dominan ya mercados como el de Brasil y México) y maquinaria pesada.
L . Geopolítica y la «Tensión del 2026»
Bajo el regreso de la administración Trump en 2025, América Latina se ha convertido en el escenario principal de la disputa entre potencias:
Presión de EE. UU.: Washington utiliza la «fuerza bruta» (amenazas arancelarias y diplomacia transaccional) para intentar frenar proyectos chinos, como se ha visto en las recientes disputas sobre la seguridad en el Canal de Panamá.
Pragmatismo Regional: Países como Colombia (tradicional aliado de EE. UU.) han comenzado a aceptar inversiones chinas masivas en infraestructura férrea y agua, buscando diversificar sus apoyos ante la incertidumbre de la política estadounidense.
Diplomacia de Valores: Mientras China ofrece capital «sin condiciones» políticas, EE. UU. sigue presionando por estándares democráticos, lo que empuja a algunos gobiernos hacia el bloque asiático por conveniencia financiera.
El crecimiento económico de China no fue un evento repentino, sino un proceso escalonado que tiene un punto de partida claro en 1978. estuvo en manos de Deng Xiaoping.
Lo que desde hace tiempo ocurre en el mundo ya hizo hasta mutar el idioma que hablamos o deseamos hablar, ya no es tanto el inglés, sino que hoy día la gente prefiere manejar el complejo mandarín. Veremos cuanto detiene EEUU la expansión China, solo el tiempo lo dirá.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
