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EL CANDIDATO
jueves, junio 24, 2021
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Educación en emergencia
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Como acompañar los cambios que se vienen

Mientras se piensa una formula para adecuar la educación a las nuevas exigencias, algunas sociedades están ensayando ideas alternativas que ayuden a atravesar lo que queda de la pandemia con el menor daño posible, tanto para la salud como para la economía y la educación.

En Argentina, en donde muchas cosas se han hecho mal, están encontrando sin embargo un camino aparentemente viable para, al mismo tiempo, no abandonar la educación y minimizar en lo posible los riesgos de expansión de los contagios.

Los sanitaristas han hallado que si bien las aulas no son un lugar de transmisión del virus, sí lo son los traslados que la comunidad educativa debe hacer rumbo a la escuela. Para reducir riesgos, los ministerios de Salud y de Educación convinieron, en primer término, limitar la asistencia a las aulas de los grados inferiores de la enseñanza básica, es decir, el que componen niños de 5 a 7 u 8 años a quienes es muy difícil sostener en la enseñanza virtual. Los demás niveles, hasta finalizar la instrucción secundaria y que sí pueden concentrarse vía internet, permanecen en las clases virtuales.

En segundo lugar, están buscando implementar una movilidad subsidiada por el Estado a fin de evitar los traslados de padres y alumnos en los medios públicos y, a la vez, rescatar al transporte escolar confinado a una ruinosa inactividad.

Se trata de una formula en desarrollo, con todas las imperfecciones propias de las cosas que requieren ajustes pero que valdría la pena evaluar a nivel local.

Queremos creer que una reingeniería similar se debiera implementar, acompañando esta reestructuración de la presencialidad en las aulas versus enseñanza virtual, en materia de distribución de útiles escolares y suministro de la alimentación escolar. Allí tenemos dos capítulos que cada periodo escolar requieren una movilización masiva de suministros y que generalmente se concentra, en el caso de los útiles, al comienzo de cada año académico. Si se replicara el modelo que está ensayando Argentina se haría necesario readecuar estos dos capítulos al nuevo formato, recalendarizando las entregas y los medios para llevarlas a cabo.

Más allá de la viabilidad de estas propuestas, algo es cada día más evidente: no podemos quedarnos cruzados de brazos esperando que lluevan soluciones.

Hay que pasar a la acción. Y cuanto antes sea, mejor.

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