spot_imgspot_img
EL CANDIDATO
martes, mayo 11, 2021
15.8 C
Asunción

Edad Media pura y dura
E

/

/

Entre los años ’50 y ’60 era frecuente escuchar por radio, cada vez que se estrenaba una película en los cines capitalinos, una suerte de clasificación dividida por edades. Era una escala que comprendía categorías tales como para menores, para adolescentes, para jóvenes o para mayores “con serios reparos”… Nunca se aclaró cuales era esos serios reparos, sobre todo si la clasificación alcanzaba a mayores de edad.

Detrás de ese clasificador estaba la mano de la Iglesia Católica, siempre dispuesta a determinar que podía -y que no- ver la gente en el cine. Los rigurosos cancerberos apostados a la entrada de las salas céntricas se encargaban de disuadir a los infractores. Uno de ellos, el del cine Granados, era un viejo oficial de caballería de la Rusia zarista,
supérstite de la gran diáspora generada por la revolución bolchevique.

A partir de los ’70 y ’80, aquella “guardia de hierro” de la decencia y las buenas costumbres se disolvió y cayó en el olvido. Pero la censura siempre vuelve por sus fueros. Tras el oscurantismo medieval vino el Renacimiento, durante el cual los grandes maestros reinterpretaron la estética greco romana floreciendo los oleos, frescos y esculturas exaltando la belleza femenina y masculina al total desnudo.

Pero ni bien arregló sus asuntos internos, la Iglesia Católica arremetió en el siglo XVI con una contraofensiva en defensa del pudor y la decencia. Obras de grandes maestros fueron intervenidas para ocultar las “partes pudendas” y aún, muchas de ellas, mutiladas
ignominiosamente.

La censura es una de las manifestaciones más cavernarias del autoritarismo. El episodio protagonizado en la TV Pública al recortar la película Miss Ameriguá, una producción nacional de los años ’90, revela que el oscurantismo se agazapa siempre donde menos se lo espera. Algún troglodita del canal consideró “ofensiva” una escena de desnudo y simplemente la eliminó de un tijeretazo digital. Lo mismo hacían los obispos censores del renacimiento y los severos guardianes de la moral victoriana en el siglo XIX.

Y lo más grave: desnaturalizaron una producción artística, violaron derechos de autor y retrocedieron siglos en la evolución social. La pregunta es: ¿Para eso pagamos una TV pública, para mantener oscuros cultores de la censura
previa?

Seguí leyendo