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EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
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Asunción

¿Disculpas? Ni hablar

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¿Qué debemos disculparle al Gobierno? ¿Quedarse a mitad de camino hacia ninguna parte con las acciones contra el COVID-19? ¿No haber parado a tiempo las maniobras de los buitres cebados con compras públicas amañadas? ¿Que se descubran cada vez con mayor frecuencia enclaves de negocios sucios en forma de depósitos con insumos médicos acaparados por especuladores escudados detrás de una maquinaria estatal esclerótica?

¿Que Salud Pública haya ejecutado un mínimo del presupuesto de la emergencia mientras 400 profesionales de blanco cumplen cuarentena afectados por el virus y cuatro de ellos en terapia intensiva, luego de cansarse de reclamar mejores equipos de protección personal? ¿Disculpar la aberración de que les den a enfermos medicamentos vencidos?

Primero un ministro nos advierte que hay gente lista para matarnos por comida. Luego otro pide disculpas por las pifiadas. ¿Qué tenemos en el Gobierno? ¿Un equipo de profesionales de la gestión pública o el voluntarioso grupo de papis de una cooperadora escolar? El jefe del gabinete civil cree haber hecho un hallazgo al decir que el Ministro de Salud gestionó bien la emergencia pero que le falló su equipo administrativo.

¿Y? ¿Nos quedamos de nuevo en la crónica de los hechos o ya tienen a todo el equipo “fallido” bajo sumario administrativo y apartado de las funciones que no supieron honrar?

Hasta aquí son demasiados signos de interrogación sin respuestas satisfactorias. Eso no se remedia con un público pedido de disculpas. Se necesita acción y todo lo que vemos es un Presidente de la República llevado de un lado a otro por los vientos permanentemente oscilantes del oportunismo político, la transa coyuntural y la corrupción descontrolada que infecta su gestión.

Ayer recordábamos el caso de Fernando Lugo, a quien no lo tumbó el juicio en el Parlamento sino su diletantismo político. Uno de sus colaboradores más directos definió la caída del ex obispo muy gráficamente: “Nos sacaron la escalera y quedamos colgados del pincel”. De manual: cometió la increíble estupidez de darle un portazo al partido que lo había llevado al Palacio de López.

MAB debe mirar muy bien a quienes, al revés de Lugo que las cerró, les ha abierto sus puertas en pos de la “unidad granítica”. Y cuidado con las escaleras. Suelen ser muy traicioneras.

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