viernes, mayo 1

Demonios internos / Félix Martín Giménez Barrios

Ustedes entenderán que nadie está libre de culpas y que las luchas internas son una
parte de la realidad con la que todos lidiamos. Cada uno tiene sus propios demonios,
esas energías oscuras que nos impulsan a actuar de maneras que no solemos
entender por completo. Algunas veces, esos males internos podrían parecer poca
cosa, pero bien que tenemos anécdotas en donde consciente o inconscientemente les
hemos dejado tomar posesión de cuerpo y mente.

En términos simples, todos tenemos demonios internos y algunas veces, ellos ganan.
Algunos ejemplos de esos males que nos suelen consumir son la ansiedad, la ira, el
miedo y otras oscuridades que habitan en nuestro interior, aguardando por estallar en
algún momento. Esos momentos en donde sentimos que la oscuridad nos rodea y no
vemos la salida, son sensaciones aterradoras de verdad. La presión puede venir de
diversas fuentes como el trabajo, las relaciones y las expectativas sociales.

Algunas veces, incluso nuestras propias expectativas al no ser superadas nos
convierten en monstruos. El saber que no tenemos el control de la situación nos
resulta abrumador, llevándonos a la culpa y al arrepentimiento constante. Si hablamos
con las personas correctas sobre estos asuntos, se podría reducir momentáneamente
el daño que esa lucha interna pueda causar en nuestra salud mental. Podemos recurrir
siempre a ayuda profesional en los casos más extremos.

De acuerdo con Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, en cuanto al modelo
estructural de la psique, proporcionó un marco para entender mejor estos duelos
internos. Básicamente, los demonios interiores surgen al aparecer conflictos entre el
“ello”, el “yo” y el “superyó”. El ello, no conoce moral, solo busca placer inmediato. El
superyó, vendría a ser un ángel que internaliza las reglas aprendidas de la sociedad.
El yo, es un equilibrista, si no logra mediar entre ambas partes, todo estalla.

En resumidas cuentas, la clave para sobrevivir a nuestros demonios internos es tanto
la aceptación y la adaptación. Hay que admitir que no somos dioses, somos humanos
y tenemos limitaciones y debilidades. Si enfrentamos a nuestros propios males con
determinación, podremos volvernos versiones más fuertes y sabias de nosotros
mismos y en ese trayecto, encontrar tanto la verdadera libertad como esa paz que
tanto anhelamos para nuestra alma, como para nuestros seres queridos.