spot_imgspot_img
EL CANDIDATO
domingo, junio 13, 2021
10.7 C
Asunción

Críticas desquiciadas
C

/

/

Es preferible callar y parecer imbécil que abrir la boca y disipar dudas.

Dice el proyecto de ley: “Artículo 23. Inmunización irregular. 1° El que siendo funcionario utilice su cargo o posición para beneficiar indebidamente a otro para recibir la vacuna contra el COVID-19, será sancionado con pena privativa de libertad de hasta cinco años o multa. 2° Será aplicable igualmente la inhabilitación a ocupar cualquier cargo en la función pública, sea electivo o no, por diez años”.

La iniciativa es clara aunque sujeta todavía a reglamentación si se convierte en ley. Al hablar de “beneficiar indebidamente a otro” dentro de un esquema de vacunación contra una enfermedad mortal y disponiendo para ello de recursos de dominio público, está definiendo un delito previsto por el Código Penal con hasta cinco años de cárcel. El proyecto trabaja sobre puniciones que afectan directamente a cualquier funcionario público de carrera, ya sea que ejerza un cargo administrativo u ocupe o aspire a uno de carácter electivo. Si lo previsto en el proyecto llega a tener vigencia y se aplica, como se dice, a rajatabla, es mucho lo que arriesgaría un funcionario público jugando a vacunador genuflexo o servil al poder político en lugar de ser un servidor del ciudadano.

En cuanto al resto de la proyectada “ley de emergencia sanitaria por la pandemia de COVID 19”, se trata de una puesta en orden del yavorai acumulativo de medidas restrictivas, organizativas y prohibitivas adoptadas por decreto por el Poder Ejecutivo y que toda la comunidad ha aceptado como el precio a pagar para dominar la epidemia más mortífera de la historia.

Es lógico que sobre cualquier proyecto de ley, toda crítica sea necesaria y bienvenida, porque así se corrigen errores. Pero calificarlo de neoestronista, dictatorial y liberticida implica malversar el significado de términos acuñados para definir uno de los peores periodos de cercenamiento de libertades de la historia del Paraguay. Y equipararlo a la ley 209 es una miserabilidad intolerable, ya que aquella malhadada ley es la lápida bajo la cual yacen miles de vidas entregadas luchando contra una auténtica dictadura liberticida y cercenadora de las libertades que hemos logrado recuperar. Señores, piensen antes de proferir sandeces.

Y si no les alcanza su equipamiento neuronal para hacerlo, mejor guarden silencio. Porque es mejor permanecer callado y parecer imbécil que abrir la boca y disipar dudas.

Seguí leyendo