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Editorial

Camino al DNI

Necesitamos un registro universal en serio

Semanas atrás llegábamos a la conclusión de que algo tiene que cambiar. Hoy, parafraseando al Quijote, decimos  “y aún algos”. Y ese algo es el registro de identidad.

Aunque mucho se ha avanzado en los mecanismos de identificación de las personas, queda aún muchísimo camino por recorrer. Metodológica y operativamente, estamos a años luz de lo que sería medianamente aceptable. Es por eso que tanta gente con estándares de vida muy buenos se cuelgue impunemente de programas de asistencia como los ya numerosos que mantiene el Estado en funcionamiento.

El estado de las personas debe asentarse en tiempo real en un registro central que arranque con el nacimiento y concluya con la muerte. Allí deben figurar no solo los datos de filiación familiar sino todas las etapas de la vida, arrancando desde las vacunas que ha recibido en la infancia hasta la última operación crediticia, cambios de residencia, impuestos que paga, ingresos, etc. Este mecanismo informático es de uso general en los Estados bien organizados que han acortado dramáticamente los pasos burocráticos, ahorrando tiempo e insumos  y acelerando procesos que antaño llevaban días o semanas.

Esta última es la característica de grandes tramos de la vida diaria de los paraguayos. Por todas partes subsisten bolsones antediluvianos que lo trancan todo. Salud Pública habilitó en el Parque de la Salud un puesto de vacunación para automovilistas. La vacunación en sí es cosa de segundos pero la cola de autos era de varias cuadras. ¿Razón? En el portón de entrada un policía, con el consabido cuadernito y lápiz, tomaba nota vaya uno a saber de qué. Resultado: lo que pudo ser un excelente método para ahorrar tiempo y reducir riesgos se convirtió, por otra y gracia de algún cerebro esclerótico, en una tediosa y costosa pérdida de tiempo. 

Todavía hoy, para viajar con niños, hay que andar sacando en papel el certificado de nacimiento. En otras instancias igual de anacrónicas, se debe gestionar –en la era del gps y del Google Maps- un “certificado de vida y residencia” que da la Policía. Nadie sabe a donde van a parar, para qué sirven y que se hace con verdaderas montañas de papel inútilmente gastado. 

Sí, es evidente que muchas cosas tienen que cambiar. Tendríamos que haberlo hecho hace tiempo, pero nos los hemos pasado boludeando. 

El coronavirus no va a obligar a hacerlo a ahora. Y de la peor manera.

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Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Jhojanni Fiorini, Juan Martínez, Felipe Dominguez, Fabrizio Meza.

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