El exigir consiste en pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho. La psicóloga española Cristina Polo dice; “Cuanto más estrés sientes, más te autoexiges, y se convierte en un ciclo difícil de romper”.
La especialista en psicología analiza el impacto de la carga mental en las mujeres: “En muchos casos es invisible, pero igualmente agotadora”. A veces queremos ser los primeros en terminar una tarea asignada o que la misma sea la mejor en el trabajo, escuela, colegio o donde empleemos nuestras habilidades mentales o físicas para una tarea determinada.
La carga mental de la mujer se ha convertido en un tema central dentro de la psicología contemporánea al analizar la distribución de responsabilidades en la vida cotidiana en la casa o trabajo donde podemos tener parientes, vecinos, jefes, administradores o compañeros que nos pidan algo a lo que agregamos nuestro peso de exigencia para acelerar nuestro trabajo, pulirlo y no dejar de pensar en lo que faltaba en el reporte o tarea que nos hayan asignado. Muchas estas cosas veces son trasladados a nuestro hogar, reuniones con parientes, amigos o con personas o actividades que no tienen que ver con el trabajo, estudios o lo que exija el uso de nuestra mente o cuerpo para empezar, desarrollar y terminar una tarea específica, Polo agrega también que; más allá de las tareas visibles del hogar o del trabajo, existe un conjunto de procesos cognitivos invisibles como planificar, anticipar necesidades, organizar actividades y recordar responsabilidades familiares— que muchas mujeres asumen de forma constante
Manejar los conflictos
Regular la autoexigencia es un proceso de reconfigurar la relación que tienes con tus propios estándares. Cuando la búsqueda de la excelencia se transforma en una carga paralizante, es necesario transitar de una exigencia destructiva hacia una excelencia saludable.
Algunas estrategias para regular la autoexigencia son:
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1. Sustituir el «Tengo que» por el «Quiero» o «Elijo»:
El lenguaje que usamos internamente refuerza la presión. El «tengo que» implica una obligación externa o una amenaza de fracaso. Al decir «elijo hacer esto», recuperas el sentido de control y autonomía, reduciendo la sensación de estar bajo un examen constante.
2. Aplicar la Regla del 80/20 (Principio de Pareto):
A menudo, el 80% de los resultados proviene del 20% del esfuerzo bien enfocado. La autoexigencia extrema suele desperdiciar una cantidad enorme de energía intentando perfeccionar ese último 20% que aporta un valor marginal. Aprender a identificar cuándo un trabajo está «suficientemente bien» es una habilidad de eficiencia, no de mediocridad.
3. Reencuadrar el Error: De Fracaso a Datos
Para una persona autoexigente, el error es una mancha en su identidad. Intenta ver los errores como información técnica:
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En lugar de pensar: «Soy un incompetente por fallar en esto».
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Prueba con: «Este método no funcionó; ahora sé qué variable debo ajustar». La ciencia avanza mediante el descarte; tu crecimiento personal, también.
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Practicar la Autocompasión Funcional:
No se trata de autocomplacencia, sino de tratarte con la misma objetividad y respeto con la que tratarías a un colega o amigo talentoso. Si no le exigirías a alguien que admiras que trabaje 15 horas sin descanso o que nunca cometa un desliz, no tiene sentido lógico que te lo exijas a ti mismo.
5. Establecer Límites de Tiempo, no de Perfección:
En lugar de decir «voy a terminar este proyecto hasta que quede perfecto», di «voy a dedicarle tres horas de mi máxima atención». Poner un límite temporal obliga a priorizar lo importante sobre lo ornamental y evita que el perfeccionismo se extienda infinitamente.
Algunos tips para manejar estos conflictos cotidianos.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
