Quizá no sea el único que haya escuchado la expresión “generación de cristal”, que es una expresión acuñada por la filósofa y académica española Montserrat Nebrera para referirse, de forma general, a los jóvenes nacidos a partir del año 2000 (principalmente la Generación Z y, en parte, los Millennials más jóvenes). alude a algo que es transparente, reluciente y visualmente impecable, pero al mismo tiempo frágil y propenso a romperse ante la mínima presión o golpe. Es frecuentemente utilizada por nuestros padres, tíos o abuelos comparando a las actuales generaciones con la de ellos. personas nacidas entre las décadas de 1960 y 1970, que se encuentran en la llamada generación x, también se la conoce se la conoce sociológicamente como la «generación puente» o la «generación sándwich», ya que les tocó vivir la transición exacta entre el mundo analógico y el digital.
La psicología desmonta el mito y está confirmado: los niños de los 60 y 70 no eran más fuertes por la crianza, sino por el abandono cotidiano que vivían. En aquel entonces, el aburrimiento, la imaginación y la creatividad iban de la mano, algo impensable a día de hoy. Muchos psicólogos advierten de la sobreestimulación a la que están sometidos los niños en la actualidad, con tareas o la “maldita pantalla”.
El concepto de “generación de cristal» nació en el ámbito académico, hoy se usa de manera masiva en el debate público, la psicología y las redes sociales, cargando tanto con críticas negativas como con defensas profundas.
Mayor margen a la creación
La creatividad es el motor de la innovación y la resolución de problemas, lleva a una flexibilidad cognitiva y resiliencia, sirve para la salud mental y el bienestar emocional, es un valor diferencial en la era de la automatización. Por eso no debemos dejar de lado a nuestros mayores, ignorar sus llamadas de atención o desearles nada malo, debemos estar abiertos a lo que nos corrijan, porque llamar la atención o “retar” también es amor.
Y para dejar de ser considerados frágiles o de “cristal”, no debemos necesariamente gritar, zapatear o actuar agresivamente, solo asimilar la crítica de la forma más pacífica y trabajar más o mejor no solo para demostrar a nuestros mayores que no somos frágiles sino también para que esa actitud nos sea útil para ganar confianza y seguridad para hacer lo que sea bien o mejor de lo que veníamos haciendo las cosas.
Hoy día los padres buscan constantemente algo con lo que se puedan entretener, incluso en épocas de vacaciones. Sin embargo, muchas veces logran el efecto contrario al que buscan, ya que los más pequeños se vuelven más dependientes. Gracias al aburrimiento, desarrollan la autonomía personal, el pensamiento propio, desarrollan la imaginación y abren su mente a nuevas ideas. Y es cómo que los actuales padres vemos ahora el aburrimiento algo nocivo para la salud mental.
El aburrimiento tiene una pésima reputación en la sociedad actual, donde la cultura de la inmediatez y la hiperestimulación digital nos han enseñado a huir de él a toda costa. Sin embargo, la ciencia y la psicología demuestran que el aburrimiento no es inherentemente malo; de hecho, es una señal biológica necesaria, para pensar y crear nuevas cosas en el ámbito científico, artístico o en lo que sea que nos toque trabajar.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
