CUANDO LOS NÚMEROS NO CIERRAN
La economía es el arte también de manejar necesidades y en ese sentido la economía paraguaya que crece en números grandes no repercute en la calidad de vida de la gente. Una gran concentración de riqueza en muy pocas manos, con una gran cantidad que no puede acceder a varias cuestiones de carácter básico, es parte de la realidad.
El gobierno lo ha reconocido en cierta manera, incrementando a partir de julio el salario mínimo en 144 mil guaraníes más. Las centrales sindicales querían una cifra mucho más grande que esa y los empresarios afirman que los números tendrían que adaptarse a lo que se llama el índice del consumo, IPC, que hablaba de un 60%, menos de la mitad de lo que se aprobó ayer por parte del ejecutivo. La economía siempre termina buscando su nivel de equilibrio, eso significa que se pueden incrementar los ingresos del salario mínimo, pero también inmediatamente ocurre la carrera de remarcar los precios y de incrementarlos en muchos de los casos, con lo cual termina enjugándose ese aumento en prácticamente nada.
Lo que habría que mejorar son las condiciones del empleo y el pago justo. Hay millones de paraguayos que incluso no ganan el salario mínimo, no acceden a ese monto y hay varios otros casos en donde la corrupción administrada por el gobierno hace de que personas de limpieza de una empresa privada del IPS digan que cobran 9 millones de guaraníes, cuando en realidad no alcanza ni el mínimo y tampoco la empresa paga las prestaciones debidas. Muchas cosas por corregir en nuestra economía.
Mientras sigamos con el mismo cuento de que hay que disminuir el déficit fiscal, hay que arreglar las cuestiones internas, el robo continúa siendo determinante en la mala administración pública que tenemos.
INVERTIR MAS EN OBRAS Y MENOS EN HURREROS
Hay una limitación establecida en torno al uso de los recursos municipales en obras y en salarios.
60% tendría que ir en obras y no más del 40% para pago de salarios. Eso nunca ha ocurrido en nuestro país y lo que vemos en la Intendencia Asuncena le pasa la factura al contribuyente en mala calidad de limpiezas, de cuidados de áreas verdes, de otras cuestiones que tienen que ver con la gestión propiamente de un municipio. Mientras tengamos privilegiados a los que realmente no deberían ser tales, los hurreros, los proveedores de votos, no vamos a tener una administración sana.
Lo primero que habría que hacer desde la Intendencia Asuncena, independientemente de quién sea el que gane los comicios en octubre, es sanear por completo esa estructura administrativa que se lleva más del 70% de lo que los contribuyentes asuncenos aportan. Y así es imposible tener una ciudad que realmente esté a la altura de las demandas ciudadanas. Para eso habría que echar a 7.000, decía el interventor Carlos Pereira en uno de sus informes no hace mucho tiempo.
Nadie le hizo caso. La cosa continuó igual con el actual intendente que fue electo de concejal suplente y posteriormente fue escalando posiciones y que realmente no ha sido otro que la continuidad de la desastrosa gestión de Nenecho Rodríguez. Hay que arreglar la comuna Asuncena y otras iguales y para eso hay que gastar sólo el 40% en salarios y el 60% en obras y en servicios.
LOS JÓVENES VAN EN BUSQUEDA DE SENTIDO MORAL
Hay un renacer de la fe en varios sectores jóvenes y no tan jóvenes a nivel mundial. La visita de León 14 a España, un país que ha tenido una dura contienda con la institucionalidad de la iglesia católica nos demuestra un fervor que no habíamos visto.
Y aquí en el Paraguay pasa una cosa similar. Las misas han vuelto a ser el centro de atracción y de reflexión para muchos jóvenes que anteriormente estaban alejados de la fe. La presencia del cura argentino Luis Sassano es una demostración de cuánto puede movilizar a sectores que anteriormente estaban lejos de la evangelización clásica.
La iglesia católica como institución no solamente religiosa sino cultural le debe a cualquier sociedad y muy especialmente a la nuestra la capacidad de poder perfilar a un ciudadano que realmente tenga virtudes y valores morales y que esas virtudes se transfieran al ámbito de lo público y de lo privado. Necesitamos ciudadanos con altura moral y para eso requerimos también cambiar el punto de vista de la evangelización para llegar más cerca a aquellos que anteriormente estaban bastante alejados

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
