jueves, agosto 20

EL SILENCIO Y NUESTRAS CASAS

S

El silencio es el nombre con el que conocemos a la ausencia de sonido, aunque, sin embargo, no hace referencia únicamente a este estado físico sino también a uno de quietud, de reposo y de tranquilidad. Se hace importante para todos porque es una condición activa y transformadora para el cerebro, la psique y nuestra salud emocional. 

Es un estado que molesta a algunos y sirve a otros, porque en ocasiones incomoda no tener respuesta auditiva o visual a un reclamo, demanda o cualquier cosa que comuniquemos a alguien o algo, o no estamos habituados a esos importantes momentos de mutismo en los que podríamos evaluar lo que ocurre en un lugar y momento determinado, que existen siempre desde que llegamos al mundo. No solo es útil para descansar adecuadamente, estudiar o trabajar concentrados en lo que precise de nuestra mente enfocada en lo que exija enfoque, precisión y lo que debamos hacer sin distraernos. Algo natural y muy presente no solo para niños, aprendices o principiantes en cualquier campo, sino incluso para cualquiera. 

El filósofo Byung Chul Han, a quien muchos siguen dice; «Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia. El silencio de tu casa es el único lugar donde todavía puedes escucharte», y más allá de oír a nuestros entornos, es fundamental oírnos a nosotros mismos, porque esa práctica nos serviría para ajustar, corregir o cambiar nuestros vocabularios y modos o formas de transmitir mensajes determinados a parientes, colegas, amigos, compañeros de trabajo, estudio, amigos o con quienes nos toque relacionarnos cara a cara o virtualmente, que ahora se está haciendo una manera frecuente de compartir ideas o  sentimientos entre seres humanos. No somos dispositivos, máquinas, artefactos, herramientas o lo que sea usado para diseñar, ordenar, limpiar, corregir, editar o construir una idea en particular, somos seres vivos que “pensamos” y sentimos. Y según Yuval Noah Harari la Inteligencia Artificial marca un punto de inflexión sin precedentes en la historia humana porque, por primera vez, creamos una tecnología capaz de tomar decisiones y generar ideas de forma autónoma decisiones sobre lo que el ser humano con nuestra conciencia y sentimiento debamos hacer. 

Espacios para oir y sentir

El lugar donde durmamos, comamos, nos limpiamos o cumplamos tareas particulares o para otras personas, debe ser considerado y tratado cómo un espacio en el que a través del silencio se haga fácil escuchar, escucharnos y concluir si estuvo bien o mal lo que o como hayamos transmitido algún mensaje a quien sea y para lograr una apreciación sobre nuestra actitud, comportamiento, manera de ser o actuar con quien o lo que sea, esta reflexión enfatiza en la importancia de hacer silencio y donde nos toque vivir, hacernos un tiempo y espacio para estar callados, sin auriculares, parlantes o cualquier estímulo auditivo que no siempre sirve si no lo encendemos o digerimos cómo nos convenga hacerlo.

Para el filósofo, el capitalismo contemporáneo también “odia el vacío y el silencio”. Nos ha enseñado a temer las horas muertas, la falta de estímulos, la ausencia de una prueba digital de qué estamos “haciendo” algo o no. 

Su crítica a la sociedad del rendimiento desmonta uno de los mandatos más profundamente interiorizados de la modernidad: estar disponible, activo y productivo en todo momento. Han denunciado que la hiperconexión, la auto explotación y la obsesión por mostrar cada instante de nuestras vidas en redes sociales han erosionado por completo nuestra capacidad de descanso. Frente a esa maquinaria de exposición constante, él eleva el hogar a categoría de trinchera. “Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia”, afirma, porque es la única manera de desactivar el imperativo de la productividad total. Interesante.