El silencio es el nombre con el que conocemos a la ausencia de sonido, aunque, sin embargo, no hace referencia únicamente a este estado físico sino también a uno de quietud, de reposo y de tranquilidad. Se hace importante para todos porque es una condición activa y transformadora para el cerebro, la psique y nuestra salud emocional.
Es un estado que molesta a algunos y sirve a otros, porque en ocasiones incomoda no tener respuesta auditiva o visual a un reclamo, demanda o cualquier cosa que comuniquemos a alguien o algo, o no estamos habituados a esos importantes momentos de mutismo en los que podríamos evaluar lo que ocurre en un lugar y momento determinado, que existen siempre desde que llegamos al mundo. No solo es útil para descansar adecuadamente, estudiar o trabajar concentrados en lo que precise de nuestra mente enfocada en lo que exija enfoque, precisión y lo que debamos hacer sin distraernos. Algo natural y muy presente no solo para niños, aprendices o principiantes en cualquier campo, sino incluso para cualquiera.
El filósofo Byung Chul Han, a quien muchos siguen dice; «Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia. El silencio de tu casa es el único lugar donde todavía puedes escucharte», y más allá de oír a nuestros entornos, es fundamental oírnos a nosotros mismos, porque esa práctica nos serviría para ajustar, corregir o cambiar nuestros vocabularios y modos o formas de transmitir mensajes determinados a parientes, colegas, amigos, compañeros de trabajo, estudio, amigos o con quienes nos toque relacionarnos cara a cara o virtualmente, que ahora se está haciendo una manera frecuente de compartir ideas o sentimientos entre seres humanos. No somos dispositivos, máquinas, artefactos, herramientas o lo que sea usado para diseñar, ordenar, limpiar, corregir, editar o construir una idea en particular, somos seres vivos que “pensamos” y sentimos. Y según Yuval Noah Harari la Inteligencia Artificial marca un punto de inflexión sin precedentes en la historia humana porque, por primera vez, creamos una tecnología capaz de tomar decisiones y generar ideas de forma autónoma decisiones sobre lo que el ser humano con nuestra conciencia y sentimiento debamos hacer.
Espacios para oir y sentir
El lugar donde durmamos, comamos, nos limpiamos o cumplamos tareas particulares o para otras personas, debe ser considerado y tratado cómo un espacio en el que a través del silencio se haga fácil escuchar, escucharnos y concluir si estuvo bien o mal lo que o como hayamos transmitido algún mensaje a quien sea y para lograr una apreciación sobre nuestra actitud, comportamiento, manera de ser o actuar con quien o lo que sea, esta reflexión enfatiza en la importancia de hacer silencio y donde nos toque vivir, hacernos un tiempo y espacio para estar callados, sin auriculares, parlantes o cualquier estímulo auditivo que no siempre sirve si no lo encendemos o digerimos cómo nos convenga hacerlo.
Para el filósofo, el capitalismo contemporáneo también “odia el vacío y el silencio”. Nos ha enseñado a temer las horas muertas, la falta de estímulos, la ausencia de una prueba digital de qué estamos “haciendo” algo o no.
Su crítica a la sociedad del rendimiento desmonta uno de los mandatos más profundamente interiorizados de la modernidad: estar disponible, activo y productivo en todo momento. Han denunciado que la hiperconexión, la auto explotación y la obsesión por mostrar cada instante de nuestras vidas en redes sociales han erosionado por completo nuestra capacidad de descanso. Frente a esa maquinaria de exposición constante, él eleva el hogar a categoría de trinchera. “Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia”, afirma, porque es la única manera de desactivar el imperativo de la productividad total. Interesante.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
