A algunas personas les cuesta entender que nuestra masa encefálica está muy conectada con el cuerpo por donde se encuentra o porque no la vemos o sentimos, más existe desde nuestra concepción y siempre debe ser atendida y cuidada y respetada no solo con lo que absorban nuestros sentidos o lo que hagamos, cómo nos alimentemos, cuánto y cómo descansemos, socializar con otros seres vivos, así como tener activo nuestro cuerpo.
Debemos saber que el trabajo físico no equivale a ejercicio para el cerebro, y no solo la lectura, escritura o cualquier tarea que lleve tiempo y requiera la reflexión para la ejecución y finalización del trabajo. La estructura principal que conecta el cerebro con el cuerpo es el sistema nervioso, que es la red de control y comunicación del cuerpo humano.
Su función principal es captar información del entorno y del propio organismo, procesarla en tiempo real y enviar instrucciones a los músculos y órganos para responder adecuadamente a lo que ocurra fuera como dentro de nuestro cuerpo. La ciencia lleva tiempo constatando que hacer ejercicio disminuye el riesgo de demencia, que no es una enfermedad específica en sí misma.
Una investigación internacional recogida este martes (18.08.2026) en la revista The Lancet Public Health concluye que la actividad que se practica por tener trabajo físicamente extenuante no ofrece la misma protección cerebral que el ejercicio físico voluntario que se hace en el tiempo libre.
Aprender a moverse
El trabajo físico y el ejercicio estructurado no solo benefician a los músculos y al sistema cardiovascular; son uno de los estímulos más potentes que existen para la salud y la estructura del cerebro. Que no es un músculo, pero lo podemos considerar eso sí también se fortalece cuando caminamos, trotamos, bailamos, pedaleamos o nos encontramos en el gimnasio o nuestras casas moviendo nuestras “carrocerías”, cómo llama un amigo al cuerpo, una masa que no debemos centrarla solo cómo algo atractivo, que huela o se sienta bien, sino lo más importante del mismo no está afuera o en la superficie, sino en su interior que es responsable de cómo luzcamos donde y cuando sea.
Los investigadores analizaron datos de 74 estudios en los que participaron, en total, más de 4,2 millones de personas de entre 45 y 93 años de 30 países. Este trabajo puede servir de referencia para quienes tengan o no en cuenta el ejercicio físico en sus vidas. Y para su elaboración, se hizo un seguimiento de los pacientes durante una media de 10 años, durante los cuales los investigadores registraron los diagnósticos de demencia por cualquier causa (Alzhéimer, demencia vascular, etc).
Y el análisis indica que las personas que realizaban mayores niveles de actividad física en su tiempo libre presentaban un riesgo de demencia un 24 % menor que las menos activas. Por lo que es importante siempre tener en cuenta tener activo nuestro cuerpo, Por el contrario, la actividad física laboral se asoció con un riesgo de demencia un 20 % mayor de sufrir demencia. Cuyos síntomas varían según el tipo de afección y las zonas del cerebro que se vean comprometidas, pero generalmente avanzan de forma gradual. Se pueden presentar rasgos particulares cómo la;
- Pérdida de memoria a corto plazo: Es la señal más común y temprana. Dificultad para recordar información reciente, fechas, eventos importantes o repetir la misma pregunta varias veces (mientras los recuerdos lejanos suelen conservarse intactos al inicio).
- Desorientación en el tiempo y el espacio: Perder la noción del día, mes o año en el que se vive, o perderse en trayectos habituales (como el camino de regreso a casa).
- Dificultades con el lenguaje (afasia): Olvidar palabras sencillas, sustituirlas por términos incorrectos o perder el hilo de una conversación con frecuencia.
- Extravío de objetos: Colocar cosas en lugares completamente inusuales (como las llaves en la nevera) y no ser capaz de reconstruir los pasos para encontrarlas.
- Pérdida de juicio o sentido común: Tomar decisiones económicas erróneas, descuidar la higiene personal o vestir ropa no adecuada para el clima.
Valores en consonancia
Representan incómodos síntomas para quien lo padezca cómo para sus entornos sociales, que en lo posible debemos tener paciencia y acudir a la empatía, que es la capacidad de comprender y compartir los pensamientos y sentimientos de otra persona— es una de las herramientas de supervivencia y cohesión más potentes que tenemos los seres humanos, para conocernos, identificar nuestras habilidades, capacidades y hacer uso de ellas para el objetivo que tengamos en común con la familia, equipo deportivo, académico, laboral o cualquier asociación de personas distintas a nosotros, que no piensan, sienten o cuentan con nuestras mismas habilidades físicas.
El cerebro está compuesto principalmente por:
- Tejido nervioso: con miles de millones de neuronas (que transmiten información mediante impulsos eléctricos y químicos) y células gliales (que apoyan, nutren y protegen a las neuronas).
- Agua y grasa: Alrededor del 60% del peso seco del cerebro es grasa (lípidos que forman las membranas celulares y la mielina que recubre los axones).
- Una densa red de vasos sanguíneos: Que le aportan el oxígeno y la glucosa que necesita para funcionar.
La confusión o el uso común del término surge por la neuro plasticidad, que es la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento a lo largo de toda la vida en respuesta a la experiencia, el aprendizaje, el entorno o tras sufrir una lesión, o la competencia a volver a ser el mismo o mejor que el de antes del accidente o lesión de acuerdo a nuestro ritmo de vida.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
