sábado, mayo 30

VIDA CON SENTIDO

Hoy día parece difícil encontrar un sentido o razón a nuestras vidas por la cantidad de suicidios y casos de depresión y otros problemas cómo el deseo de existir cómo ermitaños aislados con una pantalla frente a nuestro rostro “conectados” a la red internacional a veces solo para escuchar música, ver películas o “chismosear” sobre la vida de otras personas en las redes. En algunos casos trabajar o estudiar. Grandes expertos en psicología y filosofía coinciden: si queremos ser felices, necesitamos darle sentido a la vida. 

Solo cuando sabemos por qué hacemos lo que hacemos podemos superar hasta las más duras circunstancias y seguir despertando y teniendo nuestras habituales tareas sin perder la razón de nuestro existir. ya en el lejano siglo I d.C. la filosofía tenía muy claro que, para poder ser felices, necesitamos un sentido. Necesitamos poder responder a la gran pregunta: ¿para qué estoy aquí? Y es que el sentido de la vida orienta la existencia, ayuda a decidir cómo vivir y da un marco para entender el sufrimiento, la libertad y la finitud humana. 

Además, surgen otras preguntas. Para empezar, ¿hay una suerte de sentido universal dado de antemano en nuestras vidas? ¿Es algo que se descubre o se crea? ¿Cambia con el paso del tiempo o es fijo? Todas estas preguntas son las que, sin duda, debemos hacernos si queremos darle sentido a nuestra vida. Y para responderlas contamos con grandes pensadores de la historia.  La persona que más se ha ocupado del sentido en el último siglo fue el psiquiatra Viktor Frankl. Hasta su logoterapia, la psicología postulaba que era el poder (Adler) o el placer (Freud) lo que motivaba al ser humano. 

Entender el sentido de la vida

Según cuenta en El hombre en busca de sentido, sucedió en uno de los muchos días que permaneció encerrado en Auschwitz, tras un largo día de trabajos forzados. Uno de los cautivos avisó al resto para que salieran de los barracones; un precioso atardecer se dibujaba en el paisaje. Fue entonces cuando Frankl llegó a su conclusión: el hombre no necesita poder ni placer, necesita sentido. De su terrible experiencia.

 Frankl aprendió una valiosa lección, y es que cuando tenemos un “por qué”, somos capaces de soportar casi cualquier “cómo”. Así, el sentido es lo que nos ayuda a sortear las dificultades de la vida. Más la vida no se trata sólo de soportar sino también de disfrutar conscientes y cuidadosos para evitar complicaciones. 

Desde la perspectiva de este psiquiatra austriaco, al ser humano pueden arrebatarle prácticamente todo (su salud, su dignidad, su libertad), excepto la que él llamó “la última de las libertades”, la de elegir la actitud con la que nos enfrentamos a las cosas.  El psiquiatra deja en su célebre obra algunas pinceladas para conseguirlo. Para empezar, recomienda a sus lectores vivir como si estuvieran viviendo una segunda vida y en la primera hubieran fallado. Y este segundo viaje u oportunidad es un tiempo no para evaluar lo que hayamos hecho mal en la primera vida y evitar repetirlos para no tropezar o equivocarnos más y definir por qué y para qué estamos en este tiempo, lugar y condiciones. 

El objetivo de Frankl no es vivir desde la culpa, sino desde la conciencia y la responsabilidad, que son esenciales para la libertad personal. También aconsejaba practicar la virtud como medio hacia el sentido, porque el mal jamás encuentra propósito más allá de sí mismo.   

Aunque Frankl fue quizá quien más desarrolló esta idea, no fue el único autor que reflexionó al respecto. Dostoievski, el genio de la novela rusa, fue quien dijo aquello de que “el misterio de la existencia humana no consiste solo en vivir, sino en saber para qué vivir”. Y antes que él, Tolstoi aseguró que la felicidad consiste en una sola cosa: vivir para los demás.