jueves, septiembre 17

TIEMPOS DE VIDA Y REFLEXIONES

El tiempo fue, es y será lo más natural por y para siempre cómo nuestros climas, el ver, escuchar, sentir, pensar y movernos. No aunque queramos no podremos moverlo para atrás o delante, el mismo siempre irá para adelante, las horas, minutos, días, semanas, meses y años siempre seguirán naturalmente cómo nuestra inhalación y exhalación 24/7 los 365 días del año. para continuar viviendo.

Entre la cantidad de tonterías que son reenviadas por las redes, tuve la oportunidad de leer algo interesante sobre la vida y el tiempo en la misma que me parece oportuno distribuir con ustedes;

«Dentro de 50 años, en ese lejano 2076, ninguno de nosotros estará aquí.

Nuestros pasos se habrán borrado de la tierra y nuestras voces se habrán apagado en el viento.

Personas que jamás conoceremos vivirán en nuestras casas, usarán nuestras cosas, y ni siquiera imaginaron que un día reímos, lloramos o soñamos entre esas paredes.

Seremos apenas un nombre perdido en la memoria de quienes nos amaron… y luego, incluso ese nombre será polvo.

Y cuando uno comprende eso, la vida se revela con una claridad inmensa: qué inútil es vivir con enojo, compitiendo, envidiando…

Como si fuéramos eternos.

Aprender a vivir

Absurdo correr tras lo perfecto mientras el tiempo, silencioso e implacable, sigue su camino.

La vida —tan breve, tan frágil, tan sagrada— no fue hecha para sufrir, sino para amar y sentirse y ser amado. Para agradecer cada amanecer, cada abrazo, cada alimento, cada respiro.

Para valorar a familiares y amigos… quienes hoy caminan con nosotros, sabiendo que no siempre estarán, así como no siempre estuvimos con quienes una vez amamos y que ahora son apenas estrellas fugaces… Hermosas mientras brillaban, pero destinadas a seguir su propio rumbo.

No hay espacio para el enojo cuando se comprende que todos somos viajeros temporales.

Cada persona que cruza nuestro camino trae una enseñanza, un cariño, una herida o una luz.

Y aun cuando el destino los aleja, queda lo esencial:

la gratitud por el momento compartido.

Vivamos, entonces, con el corazón ligero y las manos abiertas.

Hagamos el bien mientras podamos, amemos sin miedo, perdonemos sin rencor, y celebremos la vida sin esperar un “mañana perfecto”.