Desde nuestra concepción hasta la defunción nos toca experimentar y aprender muchas cosas en la vida de acuerdo a nuestra apertura y curiosidad. La niñez y juventud representan la etapa de vida en la que nos toca conocer y aprender cosas básicas de la relación, social, aspectos académicos, métodos y técnicas para emplear bien nuestros talentos en áreas que queramos o debamos cumplir en nuestros compromisos académicos, laborales o familiares.
Según el psiquiatra belga Boris Cyrulnik; “A los 60 años, el cuerpo, la memoria y las emociones guardan certezas; ya no podemos engañarnos”. Significa que, al alcanzar los 60 años, una persona ha acumulado suficiente experiencia de vida como para que su mente, su cuerpo y sus sentimientos ya no acepten el autoengaño ni las ilusiones ingenuas. También que al llegar a los 60, una persona ha acumulado suficiente experiencia de vida como para conocerse profundamente, lo que hace casi imposible autoengañarse o vivir bajo falsas ilusiones, cómo lo hacía antes. En este tiempo de vida según el psiquiatra;
- El cuerpo guarda certezas: A los 60, el cuerpo ya no tiene la resistencia ciega de la juventud; habla con claridad. Te dice con precisión cuáles son sus límites, qué le hace bien y qué le hace daño. Ya no se le puede engañar con excesos o descuidos sin pagar las consecuencias de inmediato. El cuerpo se vuelve honesto.
- La memoria guarda certezas: La acumulación de vivencias, errores, éxitos y pérdidas otorga una perspectiva inigualable. La memoria ya sabe «cómo terminan las historias». Reconoce patrones de comportamiento, por lo que es mucho más difícil tropezar con la misma piedra o dejarse llevar por falsas promesas.
- Las emociones guardan certezas: A esta edad, la persona suele saber exactamente qué y a quién quiere en su vida. Ya no hay tiempo ni energía para complacer a los demás por compromiso, sostener relaciones tóxicas o fingir sentimientos. Hay una claridad emocional que prioriza la paz mental.
Signos que habría que atender
El famoso neurólogo, psiquiatra y reconocido como el «padre de la resiliencia»-, a sus 88 años, pone en primer plano el valor de las experiencias cuando se llega a los 60 años.
Esta conclusión puede desglosarse en tres niveles:
- El cuerpo guarda certezas: A esta edad, el cuerpo físico ya no tiene la misma resistencia que en la juventud. Envía señales claras de sus límites, sus dolores y sus necesidades. Ya no puedes ignorar el cansancio o fingir que tienes una energía ilimitada; el cuerpo te obliga a aceptar tu realidad física.
- La memoria guarda certezas: Has vivido lo suficiente para ver patrones en tu vida. Sabes qué decisiones te hicieron bien y cuáles te hicieron daño. Los recuerdos y las experiencias pasadas te dan la madurez para ver las cosas como son, no como te gustaría que fueran.
- Las emociones guardan certezas: Ya no pierdes el tiempo en dramas innecesarios, relaciones tóxicas o intentando complacer a todo el mundo. Sabes perfectamente qué te hace feliz, qué te molesta y qué estás dispuesto a tolerar.
Hay que saber escuchar todos estos latidos cotidianos y actuar en consecuencia.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
