martes, julio 14

LA VIDA COMO UN JUEGO

El título de este artículo no debe ser tomado cómo algo fijo, una referencia a ser tomada cómo ley o norma a tenerla en cuenta y practicada, porque no es así, La vida es un serio viaje, porque solo existe uno para los que habitamos el planeta. Y si deseamos prevalecer en el mismo debemos hacer la expedición con atención, cuidado, cómo con un espíritu adecuado con el tiempo, espacio y momento que nos toque vivir.

El escritor español Francesc Miralles dice; «La vida es un juego y solo gana quien se atreve a jugarlo con alegría. Pero esa alegría no depende de circunstancias externas perfectas».

Francesc Miralles es un prolífico escritor, periodista y ensayista español (nacido en Barcelona en 1968) conocido internacionalmente por sus libros de desarrollo personal, espiritualidad, filosofía aplicada y psicología, aunque también ha cultivado con éxito la novela, la literatura juvenil y el relato interactivo. Miralles destaca que a través de las conversaciones entre amigos podemos orientarnos para enfrentar los asuntos más importantes de la vida, como la búsqueda de la felicidad, el reto de ser uno mismo o la inevitabilidad de la muerte.

Esta reflexión puede aplicarse a cualquier tarea, entorno, momento o compromiso que tengamos en nuestras vidas, en las que tenemos que tener en cuenta aspectos relacionados al descanso, la alimentación y, relaciones sociales y nuestro comportamiento o actitud en relación a las personas con las que nos relacionemos con frecuencia que pueden absorber nuestra actitud o espíritu de acuerdo a cómo nos hagamos ver, escuchar o sentir. Sumergidos en la cultura de lo instantáneo y del multitasking, nuestras interacciones tienden a ser breves y de baja calidad. 

Aprender a vivir

Pocas personas se dan el lujo de debatir con profundidad sobre el arte de vivir, a veces importa poco el mensaje que comuniquemos, lo que vale más es cómo lo hagamos, el sonido, sus decibeles, los colores y tonos que elijamos para comunicar a un público determinado lo que pensemos o sintamos., que según el catalán deben estar cargados de alegría, que es una de las emociones humanas básicas, caracterizada por una sensación placentera de bienestar, satisfacción y vitalidad. 

Es bueno a su vez saber que cuando experimentamos alegría, el cerebro activa una auténtica «tormenta perfecta» de señales químicas y eléctricas. No es solo una sensación abstracta; es un estado biológico de alta eficiencia que transforma radicalmente el funcionamiento cerebral, siempre para hacer mejor nuestras tareas diarias. 

Además de la alegría los estados de ánimo y enfoques emocionales más cruciales para sostener una vida plena y saludable son:

1. La Serenidad (o Paz Interior)

A diferencia de la euforia de la alegría, la serenidad es un estado de baja activación, pero de alta estabilidad.

  • Su efecto biológico es que: Activa el sistema nervioso parasimpático, reduciendo el ritmo cardíaco y los niveles de cortisol.

  • Importancia: Es la base que permite al cerebro descansar, procesar información y restaurarse. Filósofos estoicos como Séneca la consideraban el verdadero indicador de una buena vida (ataraxia), ya que nos vuelve resilientes ante las crisis externas.

2. La Gratitud

Más que una simple norma de cortesía, la gratitud es un estado mental enfocado en reconocer el valor de lo que se tiene.

  • Efecto biológico: Estimula las vías neuronales de la dopamina y la serotonina, asociadas con la satisfacción.

  • Importancia: Actúa como un antídoto natural contra la insatisfacción crónica y la «adaptación hedónica» (la tendencia humana a acostumbrarse rápido a lo bueno y siempre querer más). Nos conecta positivamente con el entorno y los demás.

3. El Entusiasmo y el Propósito (Logoterapia)

Sentir que las acciones diarias tienen un sentido o se dirigen hacia una meta estimula la vitalidad.

  • Efecto biológico: Mantiene activos los circuitos de recompensa y motivación dopaminérgica.

  • Importancia: Como demostró el psiquiatra Viktor Frankl a través de la logoterapia, tener un propósito de vida (un para qué) es el factor predictivo más fuerte para la resiliencia humana. El entusiasmo nos da la energía necesaria para superar los obstáculos inevitables.

No cuesta mucho aplicarlas a nuestras vidas cotidianas si entendemos el valor de disfrutar la vida con sus lecciones a cuesta.