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Editorial

Sismos en Camelot

La Casa Blanca se estremece bajo el huracán Trump

El espectáculo ofrecido hoy por la política norteamericana inclinaría a pensar que tanto el sistema electoral como las instituciones democráticas del “gran país del norte” enfrentan un fantasma sin precedentes, la desintegración.

Pero por grotesca que luzca la figura de un Donald Trump aferrado a la Casa Blanca y decidido a desconocer su derrota, justo es recordar que no es la primera vez que la controversia marca la impronta de una transición presidencial.

En 1960 EE.UU. debió elegir entre John Kennedy, el joven demócrata desbordante de glamur, y un Richard Nixon más fogueado en las lides de la política, de figura gris y poco atractiva para el marketing electoral. Los resultados de las urnas se parecieron, volumen de votos de por medio, a los de hoy. Kennedy recibió 34.220.984 sufragios, el 49,72% del total. Nixon logró 34.108.157, es decir, el 49,55%. Pese a que el refinado bostoniano había sacado apenas un 0,17% de ventaja en votantes, sin embargo se llevó 303 votos electorales, muy por encima de los 219 que había
logrado reunir Nixon.

En los recintos republicanos más recalcitrantes, en especial los del estado de Texas, se alentaba la idea de llevar la lucha a los tribunales y revertir aquel dictamen desfavorable del colegio electoral. Pero primó la cordura y Nixon acabó por pronunciar su discurso de concesión de la victoria demócrata. “Enterrar la causa en la justicia podría paralizar el país. No podemos hacer eso” fue la conclusión de los derrotados.

Una situación equivalente, por lo inestable, se produciría 13 años más tarde, cuando ya en la Casa Blanca, Nixon se negó a entregar al fiscal de la causa Watergate, Archibald Cox, las cintas con las grabaciones que lo incriminaban por espionaje al cuartel central del Partido Demócrata.

Nixon ordenó a Cox que desistiera de su acción y como éste se negara, el presidente lo destituyó. Fue un escándalo sobre el escándalo. Al abandonar su despacho, Cox declaró: “Que el nuestro sea un Gobierno de derecho y no de personalidades depende ahora del Congreso y, en última instancia, del pueblo estadounidense. La exposición a un “impeachment” era insoportable y Nixon renunció.

Así llegó al Gobierno Gerald Ford, el primer presidente no electo. Estremecimientos en Camelot, como los detractores de Kennedy habían rebautizado a la Casa
Blanca en los “dorados sesenta”.

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Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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