El periodismo es una profesión peligrosa en América Latina y por sobre todo en México este país ya suma a cuatro periodistas muertos en el año. en un país donde no solo suena el
mariachi sino el sonido criminal de las armas contra los comunicadores. El nuevo asesinado es Roberto Toledo, un periodista que trabajaba en la ciudad de Zitácuaro del Estado de Michoacán, quien fue asesinado a tiros por tres hombres armados el lunes por la tarde en un estacionamiento.
Ser periodista es un desafío gigante en un país donde el narcotráfico ya forma parte del diario riesgo de esta profesión que se encarga de informar a respecto de lo que ocurre en el país del taco, pozole y tequila, que no es lo único fuerte que consume la población, sino también la muerte de comunicadores. Aquí en Paraguay con la muerte de Santiago Leguizamon por un grupo de sicarios contratados por narcotraficantes de la frontera de Brasil y Paraguay nos ha marcado profundamente. A él se le sumaron otros comunicadores víctimas de la violencia en contra de quienes informan sobre hechos delictivos asociados a los negocios del narcotráfico.
Números que alarman
El periodismo es una profesión peligrosa por proclamar la verdad. Eso lo percibimos incluso el domingo pasado con la tragedia en un concierto en el anfiteatro de San Bernardino.
Desde 1992 un conteo global de estos ataques, registró hasta finales del 2021,
138 asesinatos de periodistas en México. Un número que causa miedo en
una población que cada día corre el riesgo de morir o de terminar herida y afectada por balas asesinas de personas que quiebran la ley para luego quebrar vidas humanas. Es una pena reiterar la crónica sangrienta que se repite en México y entre nosotros.