domingo, mayo 17

Siete pinturas que el político debe conocer

Por: Guadalupe Robles, historiador mexicano

  1. El grito. Del pintor noruego Edvard Munch. Esta obra fue realizada en 1893. El autor pasaba por momentos personales difíciles, como es el caso de millones de seres humanos en todas las épocas y lugares. Así como ahora. Se dice que el arte imita a la vida. La reflexiona y la interpreta. La sintetiza. Vivimos momentos de angustia, desesperanza y miedo. De depresión colectiva. Entre otras muchas cosas, de decepción hacia nuestros políticos.
  2. La libertad guiando al pueblo. De Eugène Delacroix, fue pintado en 1830 y es uno de los cuadros más famosos de la historia de la pintura. Es una representación de la revolución de ese año y describe la revuelta del pueblo de París, levantado en armas contra el Rey Carlos X. Como toda gran obra, las interpretaciones son variadas, pero en sí representa el ideal de la libertad y la justicia contra la opresión que vive el pueblo. Opresión que hoy se padece ante gobiernos extranjeros, plataformas digitales, mercados nerviosos y delincuencias de todo tipo, nacionales y globales.
  3. Pintado por Picasso durante la Guerra Civil Española. Esta pintura habla de los horrores de la guerra y sus consecuencias. La historia de la humanidad es la historia de sus guerras. Aún hoy sigue siendo una amenaza presente, a pesar de que como nunca hay países que practican la democracia, ese sistema político que más allá de sus deficiencias y decepciones, es la mejor forma de organización social inventada por la humanidad.
  4. Manifestación. Un cuadro de 1934 del argentino Antonio Berni, inspirado en la clase obrera. Retrata la cruda realidad del desempleo, un lastre permanente de todas las sociedades. En el cuadro se aprecia una marcha de obreros de diferentes edades y etnias, con una pancarta exigiendo «Pan y trabajo», y en el que aparece al centro un niño. El desempleo sigue siendo uno de los grandes desafíos globales pues, además de su impacto en la economía, agudiza la desigualdad, la desesperanza y la autoestima.
  5. La persistencia de la memoria. Es un cuadro de Salvador Dalí, también conocido como «Los relojes derretidos». Representa la relatividad del tiempo, y lo inabarcable que puede ser ante nuestras definiciones y conceptos. Este cuadro es una de las expresiones más acabadas del impresionismo. Nos evoca también la realidad política que estamos vivimos, llena de absurdos, contradicciones y sinsentidos.
  6. La última cena. De Leonardo Da Vinci. Según algunos la obra más grande del pintor italiano nos habla de uno de los actos o pecados más recurrentes de la condición humana: la traición. En dicha cena, Jesús anuncia que habrá de ser traicionado por alguno de sus doce discípulos presentes. Hay una gran inquietud en todos, y finalmente es Judas quien retrocede al sentirse aludido.
  7. La comida de Lord Candlestick. De Leonora Carrington. Las clases opulentas han existido siempre. Y generalmente, no logran entender las desigualdades sociales, la discriminación y olvido que padecen los demás. Desde el dinero y el poder se viven los excesos, la ostentación y la frivolidad, elementos presentes en nuestra época de supermillonarios, celebridades y nuevos ricos.