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Siete historias tristes de candidatos

  1. El mitin desairado. Eran ya las seis de la tarde y solo algunas sillas estaban ocupadas. El acto se había retrasado una hora, con la esperanza de que llegaran los camiones llenos de gente, como lo había prometido el dirigente del partido. Pero no, no llegaron. El candidato aguardaba en su vehículo preguntando a sus asistentes qué debía hacer. El desaire ya se había subido a las redes, para regocijo de los adversarios. Habría entonces que resignarse. “Esto les pasa a todos los candidatos”, dijo alguien. Pero el candidato apenas podía disimular su ira, mientras los pocos asistentes comenzaron a abandonar el lugar. 
  2. El empresario que quiso ser político. Los del partido lo convencieron que era el candidato que esperaba la gente. Que su fama de buen empresario, le haría ganar y que la campaña no le costaría a él. Nada de eso era cierto y solo bastaron unos días para comprobarlo. Cuando comenzó la campaña, nunca llegaron los recursos ni los apoyos del partido. Todo lo tenía que poner él de su bolsa. Y ahí ya no le gustó el asunto. Después de algunos actos de campaña, se convenció que eso no era lo suyo. Y renunció. 
  3. El debate perdido. El candidato había estudiado los temas como si fuera un examen final. Al debate asistió lleno de tarjetas con estadísticas, fotografías de sus oponentes con personas indeseables y apuntes sobre asuntos que no entendía. Cuando vinieron las preguntas no supo qué hacer. Se pasmó. Se le cayeron algunos papeles y mostró cartulinas que no coincidían con lo que estaba exponiendo. Ya no quiso ver los comentarios posteriores al debate. Solo quería que pasara el tiempo lo más pronto posible. 
  4. El bullying de las redes. El candidato no supo contestar en una entrevista cuánto valía un boleto de transporte urbano. Tampoco un litro de leche. Y presumía ser el verdadero candidato del pueblo, alguien que venía de abajo y que sentía como propias las penurias de la gente. Los memes hicieron su trabajo implacable. Luego la quiso componer con una excusa que resultó peor que haber reconocido su error. 
  5. Las puertas cerradas. “Eso de hacer campaña casa por casa es un decir. En esta colonia nadie abre las puertas. Nos gritan desde adentro que no quieren saber nada de candidatos. Ni de política ni de partidos. Ni de nada. Y nos vuelven a gritar que no dejemos basura con nuestra propaganda. Que nos debería dar vergüenza  andar pidiendo el voto después del desastre de país que tenemos. No cabe duda que los que más tienen, son los más inconformes”
  6. “Ahora sí viene”  El candidato no había vuelto a la colonia desde que ganó la elección pasada. Hoy buscaba la reelección y lleno de humildad fingida, volvía a sus electores a los que había olvidado durante su encargo. “Ahora sí viene”, le reprochó el dueño del taller mecánico. De nada sirvieron las explicaciones y arrepentimientos. El candidato le pidió que se tomara una foto con él,  y el mecánico le dijo: “para qué, yo no voy a votar por usted”
  7. El día de la derrota. Todas las encuestas lo daban por favorito. Pero algo pasó, pues el día de las elecciones la decisión de los votantes no coincidió con las predicciones de las encuestas. La fiesta por la victoria programada para esa noche en el partido, se suspendió. Nadie festeja la derrota. 
Guadalupe Robles
Guadalupe Robles
Gerente de Relaciones Institucionales del Grupo Debate. Politólogo por la UAM. Doctor en Derecho de la Información. Profesor-Investigador. Lector disperso.

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