lunes, mayo 4

Si tienes la razón, evita la discusión / Félix Martín Giménez Barrios

Resultaría hasta común y lo normal el querer defender nuestros puntos de vista y
demostrar que estamos en lo consideramos que es cierto o correcto, hacerle saber a
la sociedad que tenemos la razón sobre cualquier asunto. No obstante, quizá ese
modo de ver la vida, muchas veces solo nos lleva a discusiones sin sentido, buscando
como se dice popularmente, la quinta pata al mono.

Con el tiempo uno se da cuenta de que, en ciertas ocasiones, no se trata realmente de
quien tiene razón o no, lo importante es saber como afrontar esos debates o
discusiones para así buscar una salida que, si la situación lo requiere, beneficie a
todos. Si únicamente nos enfocáramos en tener la razón, podríamos parar en la
esquina de los arrogantes y soberbios, cosa que solo perjudica nuestra imagen
pública.

Al quedar con aires de superioridad, podríamos pensar que ganamos temor y respeto
ante los demás, pero resulta que la mayoría de las veces esto no es así. No tomamos
en cuenta que los demás puedan sentirse atacados, sea o no sea esa la intención.
Eso solo genera que las personas se sientan a la defensiva en presencia de uno, lo
que podría derivar en un ciclo toxico muy difícil de sobrellevar.

Por el contrario, si tratáramos de evitar la discusiones y conflictos innecesarios,
podríamos enfocarnos en ver la posibilidad de crear un ambiente realmente
colaborativo en donde uno pueda aprender de los otros, encontrar otros puntos de
vista que puedan o no ser válidos. Esto no se trata de bajar la cabeza y pensar que no
tenemos razón, sino de poner en primer lugar nuestra salud física y mental, el
bienestar con los otros.

Debemos entender que están los momentos de callar, los momentos de hablar y los de
actuar. No siempre se puede complacer a los demás, no es necesario. Muchas veces
hasta callando se dice más que con mil palabras, esto es algo que muchos siguen sin
entender y a otros no les conviene entender. Únicamente dependerá de nosotros como
es que queremos ser tenidos en cuenta tanto por los amigos, como por los hostiles.

Solo con la suficiente madurez uno se llega a dar cuenta que incluso teniendo la razón
no resulta necesariamente en sinónimo de estar en lo correcto. Estamos viviendo en
una sociedad demasiado polarizada a día hoy, en todos los ámbitos, nadie se pone en
los pies del otro. El panorama no tiene pinta de que valla a cambiar, debemos de
valóranos nosotros mismos y tener en cuenta lo importante de la paz interior.