El presidente Santiago Peña utilizó la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas para situar a Paraguay ante varios de los principales focos de tensión internacional. La definición más directa estuvo dirigida al estrecho de Taiwán, donde afirmó que el país “no es neutral”, pero el discurso también abarcó Venezuela, Cuba, Nicaragua, Haití, Oriente Medio, rutas comerciales, semiconductores, inteligencia artificial y la reforma de la propia ONU.
“Tenemos que dejar de mirar y hablar y empezar a actuar”, sostuvo el mandatario. La frase sintetizó una intervención que buscó presentar a Paraguay no solamente como observador de las disputas internacionales, sino como un Estado dispuesto a fijar posiciones y participar de determinados procesos diplomáticos.
El alcance de esa pretensión, sin embargo, dependerá de cómo las definiciones pronunciadas en Nueva York se traduzcan posteriormente en decisiones diplomáticas, comerciales y multilaterales.
¿Qué significa que Paraguay diga que “no es neutral” sobre Taiwán?
Uno de los puntos centrales del discurso fue la relación con Taiwán, vínculo diplomático que Paraguay mantiene desde hace casi siete décadas y que lo convierte en el único país sudamericano que reconoce formalmente a Taipéi.
Peña trasladó esa relación bilateral al escenario de las tensiones en el Indo-Pacífico. Al referirse específicamente a una eventual crisis en el estrecho de Taiwán, sostuvo que sus consecuencias excederían ampliamente a las partes directamente involucradas.
“Lo que ocurra allí no es un mero asunto regional”, afirmó el Presidente, al señalar los potenciales efectos sobre Japón, Asia oriental, Asia sudoriental y la economía mundial.
El argumento incorporó además una dimensión económica y tecnológica. Peña destacó la concentración de la producción de semiconductores avanzados en Taiwán y su importancia para industrias que van desde la electrónica hasta los sistemas de inteligencia artificial.
“Si el petróleo fue el combustible del siglo XX, los microchips son el combustible del siglo XXI”, expresó.
Fue dentro de ese planteamiento donde llegó la definición política más explícita: “Paraguay no es neutral” y está con Taiwán.
El Presidente reiteró además el reclamo paraguayo de una “participación plena y significativa” de Taiwán dentro del sistema de Naciones Unidas. Se trata de una posición sostenida por sucesivos gobiernos paraguayos y que Peña ya había defendido en anteriores intervenciones internacionales.
La diferencia estuvo en el contexto: esta vez, el respaldo diplomático fue presentado también como una posición paraguaya ante una eventual alteración de la seguridad en el estrecho y sus consecuencias sobre cadenas globales de producción.
¿Qué papel pretende asumir Paraguay en la transición venezolana?
Venezuela constituyó el segundo gran eje latinoamericano del discurso, pocos días después de la visita de Peña a Caracas y de su encuentro con la presidenta interina Delcy Rodríguez.
La visita marcó el inicio de una nueva etapa bilateral tras la ruptura de relaciones diplomáticas de enero de 2025. Paraguay y Venezuela anunciaron posteriormente un diálogo orientado al eventual restablecimiento de los vínculos diplomáticos y consulares.
Ante la ONU, Peña buscó explicar el sentido político de ese acercamiento.
“No fui a Venezuela a validar un régimen”, afirmó el mandatario, quien sostuvo que Paraguay pretende contribuir a una transición hacia una democracia pluralista.
El Presidente vinculó esa pretensión con la propia experiencia paraguaya posterior a la dictadura de Alfredo Stroessner y planteó que el país puede aportar al proceso venezolano mediante el diálogo.
La posición introduce una dimensión adicional a la política exterior paraguaya. Asunción no solamente busca recomponer una relación bilateral interrumpida, sino que Peña atribuye al país capacidad para acompañar un proceso político interno venezolano y su progresiva reintegración regional.
El mandatario también mencionó la posibilidad de una reincorporación de Venezuela al Mercosur, además de asociar una mayor cooperación regional con la lucha contra el crimen organizado transnacional.
El alcance concreto de esa participación todavía dependerá de las negociaciones diplomáticas y de las decisiones de los demás Estados involucrados. La situación venezolana también excede la relación bilateral Paraguay-Venezuela e involucra a actores regionales, Estados Unidos y organismos multilaterales.
¿Por qué Cuba, Nicaragua y Haití también entraron en el discurso?
Peña amplió el planteamiento regional hacia Cuba, Nicaragua y Haití y reclamó respuestas latinoamericanas frente a las crisis políticas e institucionales de esos países.
Uno de los elementos centrales fue su llamado a que América Latina asuma mayor responsabilidad sobre sus propios problemas en lugar de esperar exclusivamente una respuesta de Estados Unidos u otras potencias.
En los casos de Cuba y Nicaragua, Peña reclamó condiciones democráticas y elecciones libres. Sobre Haití, volvió a colocar la seguridad y la reconstrucción institucional dentro de las responsabilidades que requieren cooperación internacional.
La posición inserta a Paraguay en discusiones regionales que tradicionalmente han estado dominadas por países con mayor peso diplomático y económico.
Ese involucramiento también supone una mayor exposición internacional de las posiciones paraguayas. Cuanto más explícita sea la política exterior, mayor será la necesidad de sostener coherencia entre las declaraciones presidenciales, las decisiones de la Cancillería Nacional, las votaciones paraguayas en organismos multilaterales y las relaciones bilaterales que el país mantenga.
¿Por qué Peña adoptó otro tono frente a Oriente Medio?
El discurso presentó una formulación diferente cuando Peña abordó los conflictos de Oriente Medio.
En lugar de expresar un alineamiento equivalente al manifestado respecto de Taiwán, pidió un “cese inmediato de los ataques”, la apertura y libre navegación por los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb y el retorno a las negociaciones.
El argumento estuvo centrado principalmente en las consecuencias económicas y humanitarias de la inestabilidad.
“Cuando Ormuz se cierra, el precio no lo pagan las potencias o los ricos, lo pagan los más desprotegidos”, sostuvo Peña.
La referencia tiene una dimensión económica concreta para países importadores y economías pequeñas: las interrupciones en rutas marítimas estratégicas pueden trasladarse a los precios internacionales de la energía, los alimentos, los seguros y el transporte.
De esa forma, el Presidente conectó una crisis geopolítica distante con variables capaces de afectar a Paraguay, pese a que el país no tenga participación directa en esos conflictos.
¿Por qué los semiconductores y la inteligencia artificial pasaron a ser política exterior?
La incorporación de los semiconductores y la inteligencia artificial fue uno de los elementos que amplió el discurso más allá de la diplomacia tradicional.
Peña presentó a los microchips como infraestructura estratégica del siglo XXI y vinculó su producción con la industria, la defensa, la economía digital y el desarrollo de sistemas de IA.
Posteriormente dedicó parte de su intervención específicamente a la inteligencia artificial y sostuvo que esa transformación tecnológica ya tiene efectos sobre la guerra, la economía y las decisiones cotidianas.
El Presidente afirmó que el avance de estas tecnologías “ya no puede ser detenido”, planteó la necesidad de ampliar el acceso a sus beneficios y reconoció riesgos derivados de su utilización.
La inclusión de estos asuntos coloca la política tecnológica dentro de la agenda exterior paraguaya. Para una economía que busca atraer inversiones y aprovechar su disponibilidad energética, la discusión internacional sobre centros de datos, infraestructura digital, semiconductores e inteligencia artificial también se conecta con el clima de inversión, la regulación y la estrategia de inserción económica.
¿Qué reforma de Naciones Unidas plantea Paraguay?
Peña también dirigió sus cuestionamientos hacia la propia estructura de Naciones Unidas, particularmente al funcionamiento y composición del Consejo de Seguridad.
El mandatario sostuvo que el esquema institucional surgido hace aproximadamente ocho décadas responde a una distribución internacional del poder distinta de la actual y reclamó una organización con mayor capacidad para prevenir conflictos y hacer cumplir las normas acordadas por los Estados.
“Naciones Unidas sigue siendo indispensable”, afirmó, al mismo tiempo que pidió mayor pluralidad dentro del Consejo de Seguridad.
También defendió que el próximo secretario general de la organización provenga de América Latina y el Caribe.
El planteamiento coincide con una discusión más amplia dentro de Naciones Unidas sobre la representatividad de sus órganos centrales y la capacidad del sistema multilateral para responder a guerras, tensiones geopolíticas, desigualdad y nuevas tecnologías.
Para Paraguay, la defensa del multilateralismo tiene además una dimensión estructural: los organismos internacionales permiten a Estados de menor tamaño participar de espacios de negociación en los que las relaciones exclusivamente bilaterales tienden a reflejar con mayor intensidad las diferencias de poder económico y político.
¿Hasta dónde puede llegar la nueva exposición internacional de Paraguay?
El discurso de Peña dejó posiciones diferenciadas según cada escenario. Sobre Taiwán, explicitó un alineamiento frente a una eventual crisis en el estrecho. Sobre Venezuela, defendió el diálogo y atribuyó a Paraguay capacidad para acompañar una transición democrática. En los casos de Cuba y Nicaragua, reclamó elecciones libres, mientras que para Oriente Medio pidió detener los ataques, garantizar las rutas marítimas y volver a las negociaciones.
A esa agenda sumó dos cuestiones con consecuencias económicas directas: la seguridad de las cadenas de suministro de semiconductores y la gobernanza de la inteligencia artificial.
El cambio relevante no está en que Paraguay tenga posiciones internacionales —varias de ellas son anteriores al actual Gobierno—, sino en la amplitud de asuntos sobre los cuales el Ejecutivo decidió pronunciarlas simultáneamente ante la principal tribuna multilateral.
La prueba posterior estará en la ejecución. Las declaraciones ante Naciones Unidas deberán convivir con los intereses comerciales del país, las decisiones de la Cancillería, las relaciones con los socios del Mercosur, el vínculo con Estados Unidos y las negociaciones con economías que mantienen posiciones diferentes en algunos de estos conflictos.
Peña presentó en Nueva York la intención de que Paraguay tenga una voz más activa ante disputas que exceden ampliamente su territorio. La dimensión efectiva de esa política exterior se medirá en las decisiones diplomáticas que sigan al discurso.
