Ya desde hace algún tiempo que la resiliencia viene siendo un concepto idealizado,
casi de carácter divino; nos referimos a la capacidad de superar cualquier adversidad.
Igualmente, es imposible el no preguntarnos: ¿ser resiliente es solo saber resignarse
automáticamente al caos o entender cómo navegarlo? Es fácil confundir adaptación
con pasividad, como si aceptar lo imprevisto fuera sinónimo de compromiso con los
demás o con uno mismo.
Estamos en tiempos en donde lo impredecible es la norma, lo que nos fuerza a
algunos a tratar de ser más tolerantes, más flexibles. Abrazar el caos no es igual a
rendirse necesariamente, sino reconocer que no todo está bajo nuestro control, incluso
si lo intentamos. La verdadera resiliencia es, en esencia, saber ajustar las velas del
barco para no dejarse arrastrar por la tormenta.
No obstante, los riesgos siguen estando ahí. El poner en un altar de adoración a la
resiliencia puede llevar a glorificar el aguante injusto e innecesario. No todo dolor
fortalece, y no todo caos debe de ser tolerado. Algunas veces, la verdadera fuerza
está en cambiar o en huir de lo que nos oprime, no en soportarlo. La sociedad
acostumbra a reclamar resiliencia individual o grupal mientras ignora las estructuras
que generan el caos.
En lugar de simplemente aceptar el caos, podríamos intentar comprender sus causas
y luego ver si se puede mejorar algo y cambiar para bien. La resiliencia no debe de ser
sinónimo de saber sobrevivir, sino también de transformar nuestra realidad buscando
el bien común. Pero para lograr eso, se requiere de una visión más amplia, como
también se requiere de un compromiso no solo individual, sino colectivo.
En definitiva, la resiliencia es una habilidad que implica una gran cantidad de voluntad
y determinación, que podría llevarnos a crear un mundo un poco más justo. La
verdadera flexibilidad no implica normalizar el caos, sino en saber encontrar equilibrio
en medio de él. Aceptar este hecho no es necesariamente conformarse, es
empoderarse.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares

