Nacemos, somos niños, adolescentes, jóvenes y adultos, maduramos o no, y en ese viaje conocemos a otras personas que nos atraen por diversas razones y decidimos iniciar una relación emocional con ellas; noviazgo o matrimonio de acuerdo a nuestras intenciones y/o proyectos que deseemos llevar en común.
Según el psiquiatra belga Boris Cyrulnik; «El matrimonio marca el final de la aventura afectiva, se acabaron los combates gloriosos». El divulgador belga, referente internacional en el estudio de la resiliencia, advierte que el significado del amor ha sufrido profundas transformaciones culturales. Hoy día, por ese motivo ahora tenemos dificultades para iniciar, sostener y/o desarrollar compromisos no solo emocionales, sino laborales, académicos o lo que implique fidelidad y trabajo recíproco en cualquier tipo de relación humana.
El neuropsiquiatra belga Boris Cyrulnik analiza en su último libro “Cuando el amor se vuelve apego”, donde habla de una cierta tensión entre la autonomía individual y la necesidad de vínculo, un dilema que atraviesan las relaciones actuales. Que deben tomarse el tiempo y/o “molestia” para dialogar entre los que sean parte de la relación para ajustar lo que no esté funcionando bien para ajustar las tuercas de la carrocería para que esta pueda continuar llevando a la pareja al destino que tengan en común.
Relaciones complejas
El matrimonio se considera un compromiso de la mayor seriedad porque no es solo un acuerdo afectivo, sino una estructura que transforma profundamente la vida legal, psicológica, social y existencial de las personas. Y debe cuidarse y respetarse porque es una institución cómo los símbolos patrios, personas mayores, géneros o títulos académicos o reconocimientos sociales que tenga una persona por su trabajo, actitud, o estilo de vida que haya adoptado ante sus dificultades, que puede servir para ayudar a otras personas o relaciones que se hayan formado que en lo posible deben durar y no quebrarse para hacer sostenibles los proyectos que se hayan iniciado en común.
Cómo el haber traído una vida, el vivir juntos o cualquier cosa que tenga sentido si son presentadas y hechas en comunidad. El referente internacional en el estudio de la resiliencia, sostiene que el matrimonio, tal y como se ha entendido históricamente, simboliza el cierre de una etapa marcada por la intensidad romántica y la aventura emocional.
Y sostiene que la resiliencia no implica evitar el dolor, sino aprender a integrarlo y reconstruirse a partir de él. De hecho, su propia biografía -marcada por la pérdida de sus padres durante la Segunda Guerra Mundial- ha sido determinante en su trayectoria investigadora.
Para Cyrulnik, el amor es el principal motor de la resiliencia, es una herramienta terapéutica capaz de reparar heridas emocionales, traumas infantiles y carencias afectivas profundas. En su enfoque, el vínculo y el apego seguro permiten a las personas reconstruirse y encontrar estabilidad en un contexto social cada vez más individualista. Sin embargo, advierte de que el significado del amor ha sufrido profundas transformaciones culturales.
Por eso al decidir empezar el matrimonio recuerde que está empezando un serio proyecto que demanda no sólo fidelidad sino trabajo en conjunto para lograr mover la nave integrada por los padres, hijos y quienes formen parte del mejor equipo del mundo que es la familia.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
