La fidelidad es una virtud, un valor y un compromiso consciente que se basa en la lealtad, la constancia y el respeto hacia una promesa, un acuerdo, una persona, una causa o un ideal. Esta virtud o valor a veces se quiebra o desvaloriza por «la falta de amor» o «la maldad”. El neurocientífico mexicano Eduardo Calixto dice; «Biológicamente no somos fieles. Más el cerebro humano puede amar a dos personas al mismo tiempo». El experto explica que no existe un área cerebral que estructure la fidelidad, sino que es un concepto psicológico. Para él, comprender la infidelidad no es justificarla, sino analizar los cables y las hormonas que dictan nuestra conducta.
Calixto explica que el 97% de los mamíferos no son monógamos, y el ser humano comparte esa herencia. Evolutivamente, los genes de los varones buscan la diversificación (esparcir los genes con varias parejas), mientras que el reloj biológico y reproductivo de la mujer es más corto y selectivo. Quizá por eso el varón tiende a ser menos fiel que la mujer.
El renombrado neurocientífico y psiquiatra mexicano aborda la infidelidad desde una perspectiva cruda y fascinante: la neurobiología. Para Calixto, autor de libros cómo; “Un clavado a tu cerebro”, “La infidelidad no es solo un dilema moral o social, sino el resultado de cómo está programado nuestro cerebro y de las sustancias químicas que lo gobiernan”.
Explica además que, desde un punto de vista puramente evolutivo y genético, el ser humano no está diseñado para ser monógamo.
Hallazgos sorprendentes
El cerebro arrastra millones de años de evolución donde el objetivo principal de los genes es la replicación y la diversidad.
La monogamia es, en realidad, una construcción social, psicológica y cultural que adoptamos porque nos conviene como especie para sobrevivir, ahorrar energía y proteger a las crías, pero requiere un esfuerzo consciente por parte de quienes seamos parte de una comunidad, relación o trabajo colectivo para darle razón al compromiso grupal.
Los culpables neuroquímicos son: Las hormonas y receptores:
El cerebro de una persona infiel experimenta dinámicas químicas muy específicas:
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Dopamina en exceso: Al inicio de una atracción o en el secreto de una aventura, el cerebro libera toneladas de dopamina (neurotransmisor del placer y la novedad). Esta oleada química bloquea parcialmente la corteza prefrontal —la zona inteligente encargada de evaluar las consecuencias—, lo que disminuye la lógica y aumenta la impulsividad.
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El gen de la vasopresina (RS334): Calixto cita estudios que demuestran que ciertos varones tienen una variante genética en el receptor de la vasopresina (una hormona vinculada al apego y al placer). Quienes presentan esta variante tienden a ser estadísticamente más desapegados y propensos a la infidelidad.
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Testosterona: Niveles más altos de esta hormona se asocian a una mayor competitividad, apetito sexual y conductas de dominación, lo que eleva el riesgo de buscar más parejas.
La fidelidad es uno de los pilares fundamentales de las relaciones de pareja basadas en la exclusividad, la confianza y el compromiso mutuo. Por eso, cuando aparece una infidelidad, muchas personas la viven como una de las mayores traiciones que pueden sufrir.
La fidelidad tiene:
1. Utilidad Biológica y Evolutiva: Ahorro de energía
Como mencionaba el neurocientífico Eduardo Calixto, la fidelidad y la monogamia son «inventos sociales», pero tienen una enorme función biológica: el ahorro de energía metabólica.
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Reduce la competencia constante: Buscar pareja, seducir, competir con otros y estar en un estado de alerta constante por la incertidumbre sexual consume muchísima energía y genera un estrés crónico dañino.
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Protección de la descendencia: Los seres humanos nacemos sumamente indefensos y nuestro cerebro tarda casi 25 años en madurar por completo. La fidelidad asegura un entorno predecible y un equipo estable (la pareja) para proteger y criar a los hijos sin que los recursos se dispersen.
2. Utilidad Psicológica: Reducción de la carga cognitiva y paz mental
Vivir en la infidelidad o en la deslealtad constante es psicológicamente agotador. La fidelidad sirve como un «escudo» para tu salud mental:
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Evita el desgaste de la mentira: Mantener una doble vida exige un esfuerzo cognitivo brutal (recordar qué mentira le dijiste a quién, borrar mensajes, estar paranoico). La fidelidad te permite usar esa energía mental en cosas más productivas, como tu carrera, tus hobbys o tu descanso.
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Construye un «Apego Seguro»: Saber que cuentas con alguien que no te va a traicionar reduce drásticamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y activa la oxitocina (la hormona del vínculo y la calma). Es tener un refugio seguro al cual volver cuando el mundo exterior se pone difícil.
3. Utilidad Práctica y Social: Permite proyectos a largo plazo
Es imposible construir algo grande, duradero y sólido sobre un terreno que tiembla todo el tiempo. La fidelidad es el cemento que da predictibilidad a las relaciones humanas.
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Sinergia económica y social: Comprar una casa, fundar una empresa, planificar el retiro o simplemente apoyarse mutuamente en una enfermedad requiere una confianza ciega. Nadie invierte sus recursos, su tiempo y su vulnerabilidad en un socio (afectivo o comercial) que siente que se va a marchar a la menor provocación.
Por eso es recomendable ser fiel con nuestras parejas, compromisos laborales, académicos o en lo que estemos involucrados

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
