Todavía no tengo la bendición de tener un hijo, por lo que me toca admirar a parientes y amigos y su relación con ellos. Algunos están cómodos y funcionan bien en el trabajo de equipo familiar, otros no tanto porque les cuesta controlarlos o controlarse al momento de llamarles la atención, o regular la cantidad de atención y amor que les quieran transmitir. Cómo me dijo una vez mi madre; “Iñaki en la vida no hay escuela para ser mamá o papá, aprendemos con la llegada de nuestros hijos”, desde su infancia, adolescencia, juventud hasta su adultez, de acuerdo a cuánto tiempo estén con vida y salud que si es por 24 horas más, debemos sentirnos benditos y agradecidos.
El psiquiatra infantil estadounidense Daniel Amen, psiquiatra infantil dice: «Si haces demasiado por tus hijos, estás aumentando tu autoestima a costa de robarles la suya». Y la autoestima es la valoración generalmente positiva de sí mismo. La autoestima te permite recuperarte más rápido de los fracasos, críticas o reveses. No te tomes los errores como un reflejo de tu valor intrínseco, te da la confianza para tomar decisiones alineadas con tus valores y metas, sin depender excesivamente de la aprobación de otros, facilita establecer límites saludables, elegir relaciones respetuosas y evitar la codependencia. Te relacionas desde la igualdad y no desde la necesidad, fomenta la perseverancia, crees en tu capacidad para alcanzar tus objetivos y está dispuesto a asumir riesgos calculados. También está directamente relacionada con la satisfacción vital y la felicidad, una buena autoestima reduce la ansiedad, el estrés y el riesgo de depresión. Que son estados desagradables e insanos para cualquiera que busque triunfar en sus desafíos.
La compleja educación
Amen es un especialista con más de 40 años de experiencia advierte que actualmente «estamos criando niños mentalmente débiles”. Y cualquier mente débil es propensa a;
- Vulnerabilidad Extrema al Estrés y la Ansiedad: Una mente poco resiliente se abruman fácilmente por las presiones cotidianas, lo que lleva a altos niveles de ansiedad crónica y estrés.
- Rumiación y Preocupación Excesiva: Las personas con baja fortaleza mental suelen quedar «atrapadas» en ciclos de pensamientos negativos repetitivos (rumiación), magnificando problemas menores y dificultando la concentración.
- Baja Autoestima y Autoeficacia: La incapacidad percibida para manejar los problemas erosiona la confianza en uno mismo. Esto lleva a dudar de la propia capacidad para lograr metas o superar adversidades.
- Mayor Riesgo de Afecciones Mentales: La falta de mecanismos de afrontamiento saludables puede contribuir al desarrollo o empeoramiento de trastornos como la depresión o la ansiedad.
- Hiperreacción a la Crítica: Las críticas (constructivas o destructivas) se perciben como ataques personales devastadores, dificultando el aprendizaje y el crecimiento.
Por eso cómo me dice un amigo mayor de edad es importante enfrentar a los hijos a riesgos controlados y no peligrosos para su salud para ver cómo actúan y responden a los desafíos, que por el hecho de estar con vida ya es un reto para todos en el planeta por la vulnerabilidad que presenta el ser humano a cualquier probación.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
