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Editorial

Reivindicación del chisme

El Papa Francisco lo calificó de “peste peor que el COVID”

La presunta perversidad del chisme está muy sobrevaluada en estos tiempos. Tal vez se deba a que las religiones se encargaran de confinarlo al ámbito de la moralidad pública y privada, construyendo toda una constelación de edificantes ejemplos del daño irreparable que un chisme puede ocasionar algunas veces.

Según la Academia de la Lengua Española, chisme es cualquier “noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”. Ya vemos que, según los circunspectos académicos, un chisme no tiene porqué ser necesariamente una “fake news” y que en cambio refleje algún hecho que al alcanzado por la versión no le convenga que se sepa. Leguleyamente hablando, el chisme parece tener un vecino bastante cercano, la difamación, que según una acepción caída en desuso (¿por qué será?) equivaldría a “divulgar una fama que puede serle dañina a una persona”. La iglesia católica sabe mucho de eso.

Al Papa Francisco no le gustan los chismes. Los detesta. En setiembre pasado se quejó de la costumbre de difundir chismes dentro de las comunidades eclesiásticas e incluso dentro de la burocracia del Vaticano. Sermoneando como un párroco pueblerino, Francisco dijo que “el diablo es el mayor chismoso. Siempre está diciendo cosas malas de los demás. Es el mentiroso que intenta dividir a la Iglesia”. Incluso apeló a un paradigma bastante extremo al asegurar que  “el chisme es una peste más fea que el Covid. Peor. Hagamos un esfuerzo. Nada de habladurías, nada”.

Suena a “cállense la boca y honren su voto de obediencia”, ¿verdad? En una comunidad caracterizada por la verticalidad rigurosa y, en algunos tramos, hasta de la omertá (pacto de silencio) de los grupos mafiosos, las habladurías “sotto voce”, las murmuraciones, el chisme, en suma, parece ser el último recurso cuando algunos se encierran en el silencio y la opacidad.

En el Paraguay, el radio so’o ha sido el refugio contra la censura, y sobre todo la autocensura, impuesta durante la dictadura. Es un género, o sub-género según algunos estudiosos, que desborda el formato del chisme y que transporta novedades que de otra manera nunca llegarían a destino. Hoy, frenar el radio so’o sería imposible porque se ha incrustado muy profundo en las redes sociales y tiene vida para rato.   

¿Bueno, malo? Simplemente, una respuesta de la realidad a cualquier intento de callar la verdad.

 

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Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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