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EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
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Asunción

Reforma de la ANDE
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Así como la educación va a sufrir profundas transformaciones, por lo menos en la forma de impartirla, e igual suerte seguirá la salud pública, también deberá ser sometida a una revisión a fondo toda la estructura de generación, transmisión, transformación, distribución y comercialización de le energía eléctrica.

Quedó claro, después de la última aventura expoliadora de la Administración Nacional de Electricidad, que el país no puede seguir sometido a una maquinaria que se quedó en el tiempo, ineficiente, cara y manejada con criterios de la era de Edison y Tesla, simple cablerío transportando electricidad. Petrificada en el pasado y colonizada por verdaderos nidos de funcionarios y sindicalistas que se heredan cargos y se eternizan en funciones, la ANDE perdió la agilidad y calidad de servicio que tuvo un tiempo y que ya es historia refugiada en la memoria de la gente.

Tuvo que intervenir el Congreso –otro tanto para los legisladores- para remediar el vicioso procedimiento filibustero de “pague primero y reclame después” conque el ente ha estado operando, siempre con la amenaza del corte de suministro y abultados cargos de reconexión.

Mientras tanto, según sus propios informes de gestión, al ente le roban 1 de cada 4 kilovatios volcados en la red de distribución. Políticos, sindicalistas, industriales, administradores de barrios cerrados, dueños de casinos y centros comerciales se “abastecen” en forma directa, es decir, sin medidor y a costa del deterioro patrimonial del ente público.

Además, ha quedado probado que los medidores están de adorno y que es costumbre la facturación “redondeada” por promedio de consumo. Tal vez en Basutolandia o Mogadiscio imperen sistemas parecidos.

La reforma del sistema eléctrico es de la más estricta urgencia. La ANDE debe entrar al siglo XXI porque maneja un insumo básico, fundamental, imprescindible para la vida diaria y el desarrollo. Paraguay es el único país de la región sin segmentación del mercado eléctrico, sin ente regulador y con una compañía monopólica minada por la política bastarda y rehén de claques sindicales que oxidan toda su operatoria.

El trabajo es inmenso y hay que iniciarlo ahora. Nos merecemos un servicio eléctrico de calidad y acorde con los tiempos que corren.

El siglo XIX ya quedó atrás.

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