Ernest Hemingway (1899–1961) fue uno de los escritores más influyentes del siglo XX, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1954 y del Premio Pulitzer en 1953. Su vida y su obra estuvieron marcadas por la aventura, la guerra y una búsqueda constante de la intensidad vital. Él no solo fue periodista, sino que él mismo afirmaba que el periodismo fue su verdadera escuela de escritura. Su estilo literario tan directo y económico nació precisamente en las redacciones de los periódicos.
Murió el 2 de julio de 1961 en su casa de Ketchum, Idaho, por una herida de escopeta autoinfligida. A los 61 años. Como ganador del Pulitzer y el Premio Nobel de Literatura se le atribuye una enseñanza que ya estaba presente entre los filósofos estoicos. Dijo que; «Se necesitan dos años para aprender a hablar y 60 para aprender a callar». Y puede ser que haya acertado porque podemos darnos cuenta de esto al reunirnos con personas que aman comunicar sus sentimientos o pensamientos al estar despiertos o incluso en sus sueños, aunque sea imposible hablar adecuadamente estando dormido, conocido también cómo somniloquia.
Crecer no consiste solo en acumular años y arrugas, sino en aprender autocontrol. Hablar es algo que viene de serie en el ser humano y nos acostumbramos a, tal vez, abusar de esa cualidad. Opinamos, reaccionamos, rellenamos silencios incómodos e incluso respondemos antes de pensar. Callar, en cambio, exige filtro, criterio y una rara virtud en el mundo contemporáneo: tolerar no ser el protagonista de toda conversación.
no está mal hablar entre seres humanos porque hablar con otros es mucho más que un simple intercambio de información; es una función esencial para nuestra salud mental, desarrollo cognitivo y cohesión social. debemos entender a su vez que el silencio también es salud. que a menudo se percibe como un vacío, pero desde la neurociencia y la filosofía, se entiende como un estado activo que ofrece beneficios críticos para el organismo. Para aquellas personas que lean esto con música o quizá hablando con otras personas.
Puede que les cueste asimilar bien el mensaje porque la lectura demanda un enfoque más intenso para entender los textos que tengamos frente a nosotros. Tenga en cuenta este parrafo porque vivimos aislados tras “espejos negros” y en algunos casos hasta con auriculares, impidiendo que nuestros oídos puedan captar palabras de otrás personas o mensajes sonoros existentes en nuestros entornos.
Hay que aprender a callar, no significa volverse sumiso ni mirar hacia otro lado ante las injusticias. Sino saber distinguir cuándo merece la pena intervenir y cuándo no. Entender que el problema no es cómo suena nuestra voz sino la coherencia de las palabras que usemos. Saber que no toda provocación necesita respuesta, que no toda crítica exige defensa, que no todo tema requiere de nuestra opinión personal y que no toda batalla compensa el desgaste mental que acarrea

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
