Procrastinar significa posponer o aplazar tareas, deberes y responsabilidades por otras actividades que nos resultan más gratificantes, pero que son irrelevantes. Creíamos que procrastinar era un problema de gestión del tiempo. la neurociencia ha demostrado que es instinto de supervivencia. Algo difícil de entender para algunos porque cómo es posible sobrevivir y hasta vivir dejando de lado cosas importantes por tareas gratificantes. Procrastinamos porque nuestro cerebro prioriza el alivio a corto plazo ante una tarea que nos genera ansiedad, aburrimiento, frustración o inseguridad.
Hay un argumento científico muy sólido para decir que procrastinamos «para sobrevivir», o al menos, que es el resultado directo de cómo evolucionó nuestro cerebro para mantenernos a salvo.
Nuestro cerebro no evolucionó para escribir tesis, pagar impuestos a tiempo o planificar estrategias a cinco años; evolucionó para que no nos comiera un depredador y para ahorrar energía. En la procrastinación chocan dos estructuras:
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El sistema límbico (El sobreviviente): Es una de las partes más antiguas del cerebro. Es puramente emocional, automatizado y vive el aquí y el ahora. Su trabajo es buscar el placer, evitar el dolor y reaccionar ante las amenazas inmediatas.
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La corteza prefrontal (El planificador): Es la parte más moderna y racional. Se encarga de la planificación a largo plazo, el autocontrol y el pensamiento abstracto.
Para nuestros ancestros en la sabana, el futuro a largo plazo era una abstracción peligrosa. Guardar energía para el día de hoy y conseguir una recompensa inmediata (comida, descanso) garantiza la supervivencia. Planificar para dentro de tres meses no tenía sentido si se podía matar un tigre mañana.
Sorprendes hallazgos
El sesgo del presente es que preferimos una recompensa pequeña ahora (el alivio de no hacer la tarea) que una recompensa grande después (la satisfacción de terminar el proyecto). El cerebro prioriza el bienestar inmediato porque, evolutivamente, sobrevivir el «ahora» siempre fue lo primero. El problema es que hoy ya no vivimos en la selva. Las «amenazas» modernas son los plazos de entrega, las cuentas y las responsabilidades. Tu cerebro sigue usando un mecanismo de supervivencia ancestral (la huida y el ahorro de energía) para resolver problemas del siglo XXI que requieren lógica y paciencia.
La procrastinación es un fenómeno complejo que involucra procesos emocionales y neurológicos, donde la lucha entre el sistema límbico y la corteza prefrontal del cerebro influye en la toma de decisiones sobre el esfuerzo y las recompensas.
Desde la perspectiva de la neurociencia, la procrastinación no es un problema de pereza, falta de voluntad o mala gestión del tiempo. En realidad, se trata de un conflicto biológico real entre dos sistemas principales del cerebro que compiten por el control de tu conducta ante una tarea incómoda o estresante, para sobrevivirla y evitar que cualquier responsabilidad termine por dañar nuestro sistema nervioso.
Un nuevo estudio ha dado un nuevo paso para entender este sistema cerebral, al identificar en primates un circuito neuronal específico que funciona como «freno» para la motivación, y que conecta dos partes del cerebro: el núcleo estriado ventral (VS) con el pálido ventral. Ahora conocemos más porque procrastinamos.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
