La caída del dólar comenzó a trasladarse a la cadena de reciclaje en Paraguay, donde menores valores de comercialización presionan los ingresos de los trabajadores que recuperan materiales.
La cotización de venta del dólar llegó esta semana a G. 5.900, uno de sus niveles más bajos de los últimos años, mientras la cadena del reciclaje advierte que la menor conversión a guaraníes está reduciendo el valor de materiales recuperados. El impacto alcanza a recicladores de base, recolectores y pequeños acopiadores, en una actividad que el Gobierno identifica como parte de la economía circular.
¿Por qué la caída del dólar afecta al negocio del reciclaje?
El vínculo está en la formación del precio. Aunque el reciclaje se desarrolla físicamente en Paraguay y buena parte de las transacciones internas se realiza en guaraníes, varios materiales recuperados están expuestos a referencias internacionales y a mercados de exportación. Cuando el dólar pierde valor frente al guaraní, una misma cantidad expresada en moneda estadounidense se transforma en menos guaraníes.
La consecuencia puede llegar hasta el primer eslabón de la cadena. Según la Asociación de Recicladores del Paraguay (AREPAR), la reducción del valor comercial de determinados materiales limita el margen disponible para pagar a quienes realizan la recolección. En términos prácticos, un reciclador puede necesitar recuperar y trasladar más material para alcanzar un ingreso similar al obtenido anteriormente.
El efecto no se limita a un producto específico. Plásticos, vidrio y metales tienen estructuras de costos diferentes y responden también a la demanda industrial, los fletes, el precio internacional de las materias primas y las condiciones de exportación. Por eso, la caída cambiaria funciona como un factor adicional de presión sobre una actividad que ya depende de márgenes estrechos.
¿Cuánto pesa el reciclaje en la economía paraguaya?
El tamaño de la cadena explica por qué una variación en los precios puede tener consecuencias más amplias que las de una actividad informal aislada. El Ministerio de Industria y Comercio (MIC) señala que el ecosistema reúne a más de 25.000 recicladores y unos 2.500 centros de acopio.
El propio MIC informó en marzo que la economía circular mueve alrededor de US$ 200 millones al año y que la cadena cuenta con una participación relevante de industrias que transforman los materiales recuperados en nuevos insumos o productos.
El sector también tiene una dimensión industrial. Datos difundidos por la Cámara de Industrias Sustentables del Paraguay (CISPY) ubican en aproximadamente 200.000 toneladas el volumen anual de materiales recuperados por las industrias del rubro. Los materiales reincorporados incluyen papel, cartón, plásticos, metales y vidrio.
Esto significa que el problema cambiario no se agota en el ingreso diario del reciclador. Si determinados materiales dejan de ser rentables para recuperar, también puede reducirse el flujo de materia prima secundaria disponible para las industrias que dependen de ella.
¿Qué materiales están perdiendo atractivo económico?
AREPAR advirtió sobre dificultades particularmente visibles en determinados tipos de plástico, vidrio y chatarra. En el caso de los plásticos, la composición, el color y la posibilidad de encontrar compradores determinan buena parte de su valor. Cuando la comercialización deja de compensar los costos de recuperación y traslado, el material puede quedar fuera del circuito.
El vidrio presenta otra dificultad. Su peso incrementa los costos de transporte y manipulación, por lo que una reducción del precio de venta puede alterar rápidamente la ecuación económica. El problema adquiere mayor dimensión cuando el material debe recorrer largas distancias antes de llegar a un centro de acopio o a una planta industrial.
En el caso de los metales, la cadena cuenta con un mercado más desarrollado y con una demanda industrial significativa. La normativa paraguaya también regula el comercio de metales ferrosos y no ferrosos y plástico PET, con disposiciones destinadas a garantizar la trazabilidad y evitar el comercio ilegal de materiales.
El resultado es una cadena en la que el precio final no depende únicamente del tipo de cambio. La demanda internacional, las cotizaciones de commodities, los costos energéticos, el transporte y la calidad del material determinan cuánto puede recibir cada participante.
¿Qué relación tiene el dólar con la formalización de los recicladores?
La presión sobre los ingresos aparece en un momento en que el Estado busca precisamente fortalecer la formalización del sector. En marzo, el MIC anunció un plan piloto orientado a incorporar a unos 25.000 recicladores a mecanismos de formalización, acceso financiero y herramientas productivas. La propuesta contempla también mejorar las condiciones de las MiPymes vinculadas a la actividad.
El problema es que la formalización requiere que exista una actividad económicamente viable. Si los ingresos disminuyen mientras se mantienen los costos de recolección, transporte y almacenamiento, el incentivo para permanecer dentro de esquemas formales puede debilitarse. Para el Estado, por tanto, la discusión no es solamente ambiental: también involucra productividad, inclusión económica y acceso al sistema financiero.
En Asunción se produjo además un movimiento institucional en esa dirección. La Municipalidad informó en junio que avanzaba en la creación de una cooperativa de recicladores para mejorar las condiciones de comercialización y permitir ventas conjuntas. La iniciativa contempla una movilización superior a G. 3.000 millones mediante la comercialización de materiales reciclables.
Más recientemente, la conformación de la Cooperativa de Recicladores del Paraguay (COPREP) apunta a otorgar una estructura colectiva de negociación a trabajadores que históricamente han operado de manera fragmentada. La Municipalidad de Asunción presentó la iniciativa como una herramienta para fortalecer su posición frente al mercado.
¿Qué riesgo institucional plantea una menor rentabilidad del reciclaje?
El punto central es que el reciclaje cumple simultáneamente una función económica y ambiental. Los materiales que recuperan los trabajadores pueden convertirse en materia prima para industrias nacionales, mientras que aquellos que pierden valor comercial tienen mayores probabilidades de terminar en los sistemas de disposición final.
El marco regulatorio paraguayo reconoce esa función. La Ley 3956/2009, sobre gestión integral de residuos sólidos, establece mecanismos para fomentar el aprovechamiento de residuos y contempla la participación organizada de recicladores y segregadores en las actividades de recuperación.
A esto se suma la nueva agenda de economía circular. En marzo, el Gobierno creó mediante el Decreto N.º 5509/2026 el Grupo Impulsor de Economía Circular (GIEC), con participación del MIC, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) y otros actores públicos y privados. La iniciativa busca coordinar políticas relacionadas con eficiencia de recursos, reutilización y generación de valor a partir de residuos.
La tensión, entonces, está entre una política pública que busca ampliar la formalización y competitividad de la economía circular y un mercado que puede reducir los márgenes de quienes constituyen su primer eslabón. Una caída prolongada de los precios podría afectar la disponibilidad de materiales para las industrias, elevar costos de recuperación y trasladar parte de la presión hacia los municipios.
¿Puede la economía circular absorber el impacto cambiario?
El tipo de cambio por sí solo no determina el futuro del reciclaje paraguayo. La cadena tiene una base industrial que ya genera exportaciones, inversiones y demanda de materiales recuperados. El desafío es que esa estructura pueda trasladar parte del valor generado hacia los eslabones más vulnerables.
La creación del GIEC, los programas de formalización del MIC y la organización cooperativa de recicladores muestran que ya existe una arquitectura institucional sobre la cual trabajar.
El factor cambiario introduce ahora una prueba adicional. Si el guaraní mantiene una apreciación sostenida, la competitividad de actividades cuyos ingresos dependen directa o indirectamente de mercados internacionales puede verse presionada. En el reciclaje, esa presión llega hasta quienes convierten residuos de bajo valor en una materia prima comercializable.
La discusión deja así de ser únicamente sobre cuánto vale el dólar. También pasa por determinar cómo se distribuye el valor dentro de una cadena que el propio Estado considera estratégica para la economía circular, la generación de empleo, la industria y la gestión de residuos.