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EL CANDIDATO
martes, mayo 11, 2021
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Asunción

Plegaria de los difuntos
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“Que Dios nos asista” es una expresión que generalmente se utiliza como último recurso, cuando todo lo demás ha fallado, y el que cae en un avión envuelto en llamas o se va al fondo con el barco que se hunde, decide encomendarse al ser superior en el que cree.

Es un acto comprensible en el creyente común y corriente, pero que provoca escalofríos si lo protagoniza nada menos que el Presidente de la República. “Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará” dijo Mario Abdo Benítez citando un pasaje del Antiguo Testamento en su mensaje al país.

Nadie podría censurar las convicciones religiosas del Primer Mandatario. Habla muy bien de él como hombre de fe. Pero las devociones personales deben ser guardadas en lo más profundo cuando se ejerce un cargo de la magnitud de la Presidencia de la República, en especial cuando debe rendir cuentas ante la República de lo que ha estado haciendo en su nombre. Y la República se entiende como “una forma de gobierno regida por el interés común, la justicia y la igualdad” a partir del mandato entregado por la ciudadanía en las urnas mediante el voto popular.

Cada voto es una profesión de fé, pero de fé cívica en las instituciones y en las reglas mutuamente aceptadas sobre las cuales deben encaminarse los asuntos públicos. Cada sufragio es la renovación de esa fe. Se espera que quienes son electos en cada convocatoria cumplan con el mandato que se les ha conferido.

En el Paraguay del siglo XXI, las expectativas abiertas con cada inauguración de mandato constitucional son monumentales. Sin embargo, con el paso del tiempo, tales expectativas empiezan a reducirse a unas pocas, pero no por ello menos importantes, metas concretas. Una de ellas, acabar con la corrupción entrando a fuego en los fétidos subsuelos donde se cocinan los más sucios negocios con el dinero público.

En este punto quizá el ciudadano hubiera tolerado, más como figura retórica que como devoción religiosa, aquello de “¡Ay de ustedes… fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre”.

Pero el Presidente prefirió un versículo más light, menos comprometedor. En adelante, Sr. Presidente, deje su biblia en casa y háblenos como adultos. No busque asustarnos con la plegaria de los difuntos.

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