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Periodismo de máquina y cuartilla

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Por Cristian Nielsen

 

Si yo dijera que para contar con todas las funciones que hoy tiene un Smartphone, digamos hacia los años ’80, había que arrastrar toneladas de equipo, dirían que estoy exagerando. Sin embargo, la verdad es que seguramente me quedaría corto.

Lo que hoy se puede hacer con un celular inteligente en aquellos tiempos no sólo era imposible sino simplemente inimaginable. En plenos ’80, muchas cosas que hoy son corrientes no sólo no se habían inventado sino que el concepto mismo era prácticamente desconocido, o limitado a los cerrados cenáculos de la ciencia y la tecnología.

El simple hecho actual de tomar una foto en colores y alta definición y enviarla instantáneamente al otro lado del planeta sólo se veía –en aquellos tiempos- en las películas de ciencia ficción. Si en lugar de foto era una filmación, la imposibilidad presentaba dimensiones apocalípticas. Y pretender que ambas cosas pudieran hacerse desde un aparato telefónico hubiera sido el pasaporte al neurosiquiatrico para quien se animara a hablar de semejante absurdo.

Para entender esto hay que asomarse, por un momento, a aquel mundo.

 

TELEX Y FAX – Eran los días del fax y el telex. Explicar cómo funcionaba cada uno de esos artefactos llevaría páginas enteras. Con eso había que lidiar para comunicarnos en la profesión.

Mi primera cobertura internacional en serio fueron las elecciones de 1980 en EE.UU. que ganó Ronald Reagan. Lo máximo que pude hacer fue subirme al bus para periodistas en la esquina del National Press Club, en la calle 14 de Washington DC, y dejarme llevar a los sitios de votación para captar el “color local”. Luego, ir con los apuntes a una oficina de ITT, sentarme a una máquina de télex, perforar una cinta con el material y entregarla al operador, confiando en que el artículo llegaría poco después a la redacción. Y si había suerte, el aparato de radiofoto de la sección internacionales del diario –por entonces trabajaba en Hoy- recibiría algún par de fotos del “election day” en blanco y negro, naturalmente.

El telex sería reemplazado años después por el fax, de vida efímera porque, felizmente, fue sustituido por el correo electrónico, que es donde internet tuvo su nacimiento.

 

FOTOS, PELICULAS Y VIDEOS – Para un corresponsal, el envío de material fotográfico era un quebradero de cabeza. No era fácil despachar media docena de rollos de 35 milímetros. Lo más común era ir al aeropuerto, pescar algún vuelo con destino a Asunción y pedir la gentileza de algún pasajero de cargar con el paquete. Si el periodista gozaba de mucho prestigio y cartel, a veces ese servicio lo prestaban los pilotos, pero eran la excepción. 

Enviar filmaciones por esa vía era directamente imposible. La aparición del video no fue de gran ayuda porque los formatos eran enormes, pesados e impracticables a través de los estrictos controles de aduana. Más de un envío quedó arruinado en las máquinas de rayos X.

La única manera de mandar material filmado a destino era contratar servicios de microondas, una aventura que llevaba más tiempo que la cobertura misma, era carísima y casi nunca se llegaba a tiempo. Como la microonda se pagaba por minuto, los corresponsales debían hacer una preedición de su material para no hacer quebrar al medio. Generalmente el corresponsal buscaba la alianza de un canal local en donde editar su material y desde allí “subirlo al satélite”.

En 1988, cuando la visita de Juan Pablo II al Paraguay ya era oficial, una semana antes desembarcaron en Canal 13 –en donde era jefe de prensa y noticieros- las tres más grandes cadenas noticiosas de EE.UU., NBC, ABC y CBS. Los equipos de edición fueron bajados de varios camiones y ocuparon, durante los días del Papa en Paraguay, enormes espacios dentro del entonces todavía nuevo edificio del canal. Hubo momentos en que el trabajo de los editores norteamericanos era más intenso y con más personal que el propio canal. Disciplinados y metódicos, los jefes de misión esperaban turno en la estación de subida al satélite del canal.

 

ADIOS AL “ORIGINAL” – Solamente quienes practicamos el periodismo de máquina de escribir y cuartilla podemos dar cuenta de lo que era un “original”. Todo se iniciaba en la cuartilla, una hoja de papel de lo que hoy sería el tamaño oficio y que llevaba marcas que limitaban el largo de cada línea y su cantidad, generalmente no más de 30 por cuartilla. Con esos límites, el editor podía ir asignando a cada redactor la cantidad de centímetros de columna para cada material, a fin de tener un control del espacio disponible. 

Completado el trabajo, el periodista entregaba su original. Si el papel se perdía por cualquier razón, había que hacer todo de nuevo. No había archivo, ni recuperación, nada de eso. Sobre ese original se hacían las correcciones y si eran demasiadas, el editor le hacía “pasar en limpio” el material al propio periodista para no dificultar la tarea del linotipista que las tipeaba en plomo, o al componedor que mas tarde lo sustituiría en el off-set.

Cuando aparecieron las computadoras y el concepto de archivo pasó, del cuarto en donde se guardaban fotos y diarios viejos, a ser una función informática, el mundo había dado una terrible vuelta de tuerca a la profesión. El concepto de lo digital abrió las puertas a un mundo totalmente nuevo en la comunicación y el periodismo.

Ya nada volvió a ser como era. 

¿Mejor, peor?

No, sólo distinto.

Equipo Periodistico
Equipo Periodistico
Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, John Walter Ferrari, Víctor Ortiz.