
En el corazón de Canindeyú, uno de los departamentos más verdes del Paraguay oriental, mujeres indígenas lideran una transformación silenciosa: recuperar el bosque y garantizar el sustento de sus comunidades.
“Para nosotros, el bosque es sagrado: de él obtenemos nuestras medicinas, la leña, todo. El bosque es nuestra vida”, dice Teodora Vera, de 55 años, lideresa de la comunidad Avá Guaraní de Y’aka Poty.
Durante años, los habitantes de esta zona vieron cómo la expansión agrícola y ganadera reducía los bosques nativos, afectando al agua, la pesca y la producción local. Paraguay perdió unas 347.000 hectáreas de bosques por año entre 2010 y 2020, según datos internacionales, ubicándose entre los países con mayor tasa de deforestación.
Hoy, comunidades como la de Teodora están cambiando la historia a través del Proyecto Pobreza, Reforestación, Energía y Cambio Climático (PROEZA), impulsado por el Gobierno paraguayo, el Fondo Verde para el Clima y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El programa combina protección social y acción climática, mediante incentivos financieros y asistencia técnica que promueven la agroforestería: la siembra de árboles entre los cultivos agrícolas.
Bosques que alimentan
A 30 kilómetros de Y’aka Poty, Elva Rosa Gauto, de 23 años, comparte el mismo compromiso. Madre, agricultora y estudiante de enfermería, cultiva mandioca, frijoles y cítricos en una parcela agroforestal que le permite sostener su hogar y pagar sus estudios.
“Con el apoyo del proyecto pudimos preparar la tierra y plantar naranjos. Ahora la producción aumentó y tengo más tiempo para cuidar la parcela”, cuenta.
Tanto Elva como Teodora eligieron modelos agroforestales que combinan árboles nativos, cítricos y eucaliptos. El eucalipto actúa como cortaviento y fuente de leña, protegiendo a los árboles autóctonos y creando microclimas más frescos. “Antes, cuando el bosque era grande, no nos faltaba nada. Ahora tenemos que trabajar más, pero estamos volviendo a reforestar”, agrega Teodora.
Protección social y clima
PROEZA trabaja con familias ya inscritas en el programa Tekoporã, la principal iniciativa estatal de protección social, que otorga transferencias periódicas a hogares rurales pobres. Sobre esa base, PROEZA añade pagos condicionados por logros ambientales, como la supervivencia de los árboles plantados o la aplicación de técnicas sostenibles de manejo.
Hasta ahora, el proyecto ha beneficiado a casi 1.500 hogares, y busca llegar a más de 8.000 familias en ocho departamentos del este del país. Se estima que permitirá almacenar 2,2 millones de toneladas de CO₂, contribuyendo a la mitigación del cambio climático.
“El apoyo técnico de la FAO es clave para convertir las orientaciones en prácticas sostenibles. Las familias aprenden a manejar sus parcelas y adoptan la agroforestería como una actividad cotidiana”, explica Luis Britos, especialista forestal de la FAO.
Liderazgo femenino
El proyecto también impulsa el liderazgo de las mujeres: ocho de cada diez participantes son mujeres indígenas. Desde 2022, la Red de Lideresas Indígenas creada por PROEZA ofrece espacios de formación, intercambio y acción comunitaria.
Gracias a esta red, Teodora logró gestionar con el Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) la instalación de una cisterna de 10.000 litros en su comunidad, garantizando agua potable para las familias. “Antes caminábamos kilómetros hasta un arroyo contaminado. Ahora tenemos agua segura y más tiempo para trabajar”, celebra.
Un modelo replicable
Según Iván Felipe León Ayala, representante de la FAO en Paraguay, PROEZA “ha demostrado ser una herramienta eficaz para superar la pobreza y debería replicarse en América Latina, porque integra la protección social, la acción climática y la asistencia técnica”.
En Y’aka Poty y Fortuna, los resultados ya son visibles: árboles jóvenes reemplazan tierras degradadas, los cítricos florecen entre hileras de mandioca y frijoles, y las comunidades recuperan sus raíces culturales.
“Este naranjal es una ayuda para toda la vida”, dice Elva. “Nuestros hijos verán regresar el bosque y aprenderán a cuidarlo.”
En el este del país, donde el verde parecía perder terreno, las mujeres de PROEZA demuestran que el bosque y el futuro pueden crecer al mismo tiempo.
Periodista Senior