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Muchos sueñan, pocos llegan

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La universidad es un sueño que no todos cumplen, generalmente el principal obstáculo es el costo que implica ser un estudiante universitario, el otro es el acceso a la Universidad Nacional donde, paradójicamente, solo ingresan los que tienen mejores condiciones socioeconómicas.

Gilberto, Gabriela y Jorge son tres profesionales que estudiaron carreras distintas, pero como otros cientos de jóvenes tuvieron que trabajar para poder subsistir y costear sus estudios.

Tres historias impactantes que narran lo difícil que es estudiar en Paraguay, cuando el acceso a la educación no debería ser una excepción, sino la regla.

Tomá che hijo, pagá aunque sea una cuota

Jorge Cabral nació en Bella Ciudad, Encarnación, hace 12 años vive en Presidente Franco. Se recibió de licenciado en Criminalística con mucho sacrificio. Al estudiar en una universidad privada pensó muchas veces en dejar sus estudios para priorizar el pan o alquiler donde vive, pero el orgullo de su mamá y su sueño de superación le ayudaron a culminar esta carrera.

Empezó a vencer productos de limpieza por las tardes para tener un pequeño ingreso extra, además de vender diarios por las mañanas. Todo sumaba para llegar a la cuota mensual y los gastos del día a día. Cuando podía, se ponía a leer sus materiales de estudio y por noche iba a la facultad.

De niño quiso ser policía, pero con el correr de los años descubrió que la investigación era lo suyo.

Jorge cuenta que en una ocasión ya iban tres meses de atraso en el pago de la cuota, no sabía de dónde sacar el dinero para no perder el año, su madre, quien vende mandioca cocinada le dio lo recaudado en la semana para que vaya a pagar al menos una cuota. “Me agarró la mano, me puso el dinero y me dijo…. tomá che hijo pagá aunque sea una cuota, luego vemos cómo pagamos el resto”, expresa emocionado. 

Para él, lo más gratificante de toda esta travesía fue ver a su madre el día de su graduación aplaudiéndolo orgullosa con lágrimas en los ojos, fue el momento en el que sintió que todo su esfuerzo y sacrificio valió la pena. 

“Espero que, en un tiempo no muy lejano, estemos gobernados por personas idóneas que se preocupen por la formación académica de su población”, anhela Jorge. Asimismo, sostiene que los pocos que gobiernan este país son los responsables de mejorar el sistema educativo, pero no lo hacen por priorizar sus intereses personales y porque no les conviene un pueblo culto para seguir aprovechándose del Estado.

Vine del interior sin nada, con las ganas de estudiar

Gilberto Ruíz, oriundo de Loreto, Concepción, pero vivió en Asunción de muy joven trabajando como criado. Se recibió de Enfermero este año. Para terminar su secundaria tuvo que limpiar casas, patios y piscinas. Ya con su bachillerato culminado tuvo la oportunidad de conseguir trabajos que paguen sueldo mínimo. y a la par que estudiaba enfermería trabajó como playero, jardinero, repositor y cajero.

Costeó su carrera y su subsistencia solo, trabajó de playero, jardinero, repositor, cajero para llegar a fin de mes. Muchos días le fueron difíciles, hasta llegó a dormir en el suelo en sus primeros tiempos. Hubo momentos en el sentía que ya no podía más, pero se ponía rezar y sacaba fuerzas para continuar y seguir estudiando.

De pequeño quería ser enfermero, se puso la meta y lo logró. Pero para ello pasó por momentos de mucha frustración y tristeza cuando no podía pagar por congresos de capacitación o cuando su jefa no le daba permiso para rendir sus exámenes en la facultad.

Por otro lado, aportar su grano de arena sirviendo a la sociedad es para él más que gratificante. “Son momentos que para mí no tiene precio, el de servir a una persona que realmente necesita”, explica.

Para Gilberto depende de uno estudiar. Sostiene que vino del interior sin nada más que con las ganas de formarse y aunque el camino no le fue fácil logró llegar donde pocos pueden. 

Por último, opina que la educación secundaria necesita hacer correcciones en su malla para que los jóvenes piensen más y puedan tener mayor participación en la sociedad. Así también, otra falencia que detecta en el sistema educativo es la falta de educación sexual que genera como consecuencia altos índices de ETS en los adolescentes.

Perdí el temor porque la necesidad es grande

Gabriela Jara es oriunda de Ypacarai pero actualmente reside en Villa Hayes, decidió estudiar Agronomía porque de pequeña de gustaba el campo. Al estudiar en una universidad privada, costear cada mes la mensualidad no le fue nada fácil, consiguió el monto para pagar la matrícula, al siguiente mes ya le dificultó pagar la cuota, señala.

Su padre, al ser el único sostén de la casa y no tener un empleo fijo el llegar a fin de mes era una labor que requería de mucho equilibrio. A raíz de la falta de ingresos Gabriela decidió empezar a trabajar vendiendo yuyos. “Perdí el temor porque la necesidad es grande”, comenta la egresada en una entrevista con la gobernación de Presidente Hayes. “Por la madrugada iba al mercado a buscar los remedios, luego ya iba a mi puesto, hasta el mediodía, por la tarde estudiaba y a la noche asistía a la facultad”, relata. Esa fue su rutina por casi 5 años.

La falta de oportunidad es una constante en este país y es lo que muchas veces desanimó a Gabriela. Ella manifiesta que aquí no se le da valor a las personas que estudian.

“Las veces que fui a pedir una oportunidad siempre dijeron que no había rubro, pero cada día veía personas nuevas trabajando allí”, comenta respecto a la actual y anterior administración de la gobernación donde ella se ubicaba para vender los remedios.

Gracias a su familia y la ayuda de Dios pudo llevar adelante su trabajo y facultad, pese a las dificultades del día a día que muchas veces la tentaron a abandonarlo todo, ella no renunció, siguió adelante y hoy es ingeniera agrónoma. El mensaje que deja de su ejemplo es que la formación académica debe estar en primer lugar, y por sobre todo que las universidades creen verdaderos profesionales con experiencia y no solo de título. 

Estamos a pasos de comenzar una nueva década, pero las deficiencias educativas siguen perjudicando al futuro del país. Según datos de la Dirección de Encuestas, Estadísticas y Censos unos 240.546 jóvenes de entre 15 y 19 años no forman parte del sistema educativo, la mayor causa de inasistencia es debido a su situación económica.

Mientras tanto, de los que sí acceden a la educación, solo 4 de cada 10 termina la secundaria. Y de esos, solo 1 de cada 10 termina una carrera universitaria.

Patricia Galeano
Patricia Galeano
Mujer apasionada y sensible. Admiradora de la naturaleza, los gatos y la fotografía callejera. Redactora de El Independiente.