martes, agosto 4

LOS BICHOS FEOS ESTÁN GANANDO

E

l mosquito (conocido en algunas regiones como zancudo) es un insecto volador perteneciente al orden de los dípteros (lo que significa que posee solo dos alas para volar) y a la familia de los culícidos (Culicidae).

Existen más de 3.500 especies de mosquitos en el mundo, habitando en casi todos los rincones del planeta, excepto en la Antártida. Desempeñan un rol puntual en los ecosistemas (como alimento para peces, aves o murciélagos y como polinizadores en el caso de los machos), sus efectos negativos sobre la salud humana, la sociedad y la economía son enormes. Se lo considera el animal más letal del planeta para el ser humano, provocando cientos de miles de muertes al año. Para evitar que nos piquen y contaminen nuestra sangre con enfermedades peligrosas usamos escudos cómo espirales, repelentes, e insecticidas de cualquier tipo, ahora se ha descubierto que estos bichos están ganando la guerra a los humanos: sortear los insecticidas. El estudio descubre el mecanismo por el cual estos insectos desarrollan inmunidad al veneno usado para eliminarlos.

Una dura batalla

El ser humano lleva más de un siglo luchando contra un pequeño bicho, en una carrera armamentística en la que estábamos ganando. Pero las cosas se torcieron hace una década. En el 2015 se marcó el mínimo histórico en los casos de malaria, una de las enfermedades que transmite el mosquito.  Desde entonces, las cifras se han mantenido estables. Parte de esta inflexión se explica por el cambio climático, que ha llevado mosquitos portadores del parásito que causa esta enfermedad a nuevas latitudes. 

Pero también se ha consolidado una ventaja inesperada. Los insecticidas utilizados desde la década de los setenta para el control de mosquitos se han vuelto menos eficaces. Estos insectos están evolucionando para esquivarlos. Una realidad que pone al ser humano en desventaja y nos plantea un desafío para desarrollar nuevas armas o escudos para controlar esos “bichos feos”. La capacidad del mosquito para sobrevivir a los insecticidas es uno de los ejemplos más fascinantes (y problemáticos para la salud pública) de evolución rápida por selección natural en tiempo real.

Cuando aplicamos un insecticida de manera masiva, no exterminamos al 100% de la población: matamos a los mosquitos vulnerables y dejamos vivos a los pocos que, por mutaciones genéticas aleatorias, ya eran resistentes. Esos supervivientes se reproducen entre sí, heredando sus genes a la siguiente generación de los molestos bichos que nos lastiman y zumban por nuestros oídos.

Investigadores de la India han examinado los mecanismos de resistencia a la α-cipermetrina, un insecticida común en todo el mundo. En la zona, los mosquitos mostraban una tasa de mortandad del 97,9% ante los insecticidas, justo en el límite que establece la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cuando un insecticida entra en el cuerpo de un mosquito, activa un sistema de alarma celular. Esto desencadena una cascada de respuestas en las células del insecto e intensifica la producción de proteínas defensivas”, explica el investigador indio  Kumar.  

Esta realidad es un aviso para tener más cuidado con nosotros y nuestros entornos más cercanos, intensificando el aseo y el control de la acumulación de agua en nuestras casas o barrios, y aún así utilizar insecticidas para que no se distribuya nuestra sangre que no sabemos cómo se encuentra si no nos hemos hecho análisis de sangre o consultado con especialistas médicos que nos dén evaluaciones de nuestro estado de salud.