De unos años a esta parte la prensa brasileña y el empresariado del vecino país vienen cambiando su percepción de Paraguay como país “pirata” a un destino de inversiones y oportunidades de negocios por las ventajas impositivas y por la estabilidad macroeconómica.
En el 2025 más de 23.000 brasileños pidieron radicación en Paraguay y ya son más 200 las empresas de capital brasileño que producen en Paraguay, especialmente en el sector industrial de la maquila que el año pasado movió casi US$ 1.500 millones.
Este año se espera aún mayor fluyo de inversiones teniendo en cuanta que Brasil entró a regir un nuevo impuesto para las personas que ganan por encima de US$ 100.000 al año. Mientras la carga tributaria en Brasil promedia el 37%, en Paraguay no supera el 13%.
En el plano político esto despierta celos entre nuestros vecinos lo cual quedó más que evidenciado con el boicot del presidente Lula en la firma del acuerdo de libre comercio con Europa celebrado recientemente en Asunción. Lula había tomado la bandera de este este pacto comercial, que debía rubricarse durante la presidencia pro tempore de Brasil en Mercosur, pero no llegó a tiempo.
El que quedó bien parado fue el presidente paraguayo Santiago Peña, quien se lució en la ceremonia, aún así Lula envió un mensaje claro enviado a Asunción a la presidenta de la Unión Europea en un avión de la Aérea Brasileña.
Otro hecho resaltado por el sector privado brasileño es que Paraguay ya se sienta en la mesa del poder global, mientras Brasil pierde protagonismo. Esto en alusión a la participación de Peña en el Foro de Davos junto al presidente norteamericano, Donald Trump.