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Tips de conductas que repelen al electorado joven

Para el 2023, cuando el país deba renovar presidente de la República y 125 legisladores, habrá un nuevo contingente de ciudadanos dispuestos a reeditar su primera vez con las urnas, experiencia vivida hace un par de semanas durante las municipales. Ese día, unos 300.000 jóvenes mayores de 18 años experimentaron la emoción de ejercer uno de los derechos más elementales: el poder de elegir. Pongamos por un momento atención en el significado profundo del verbo, que significa “escoger o preferir a alguien o algo para un fin”. Para el flamante ciudadano es un hecho trascendental que involucra una decisión tomada en libertad. Su voto puede marcar la diferencia y a la papeleta deslizada en la urna va adherida la convicción de estar contribuyendo con un mejor futuro para el país. Está invirtiendo allí lo mejor de sus esperanzas y sus sueños.

Por eso, es mejor que quienes ya estén en campaña para el 2023 tengan en cuenta que para entonces, a los 300.000 que votaron por primera vez el domingo 10 se unirán otros 200.000 recién inscriptos. Serán medio millón de votos nuevos que pueden hacer la diferencia en cualquier elección, sin importar divisas ni nombres. Pero cuidado, porque va siendo cada vez más claro que este universo de voto joven ya no admite vicios viejos. Por ejemplo:

Rechazan al político profesional que busca vivir de la política en vez de servir al ciudadano.

Rechazan al inepto que se mete en el Estado porque en el sector privado se moriría de hambre.

Rechazan al maniobrero mercader de votos, porque defienden la libertad de elegir sin dueños.

Rechazan al corrupto como a la lepra que lo pudre todo.

Rechazan al oportunista que espera llegar al Estado para meter allí a toda su familia.

Rechazan al que se eterniza en el cargo para engordar su influencia que vende a precio de oro.

El voto joven está aprendiendo a identificar a estos personajes y su principal escenario para exorcizarlos son las redes sociales, en donde hay libertad absoluta para airear carreras políticas que huelan a podrido.

Para la corrupción, no hay elementos más letales que el oxigeno y la luz, que ya circula a correntadas por los viejos sótanos de la política sucia. Es misión del voto joven custodiar su ejercicio en libertad y sin contaminación, para hacer nacer de una buena vez la nueva política.

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