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Editorial

La nueva normalidad

Y cómo algunos medraron en la antigua normalidad

Ocurrió el 10 de marzo de este año. Primero, la declaración de cuarentena dura que dejó a todo el mundo en su casa salvo el “personal esencial”, especialmente de salud y de seguridad pública.

Simultáneamente, se impusieron otras tres obligaciones: llevar barbijo, usar alcohol en gel antes de ingresar a un sitio público o privado y mantener una “distancia social” de al menos dos metros de la persona más próxima. Quedaban de hecho prohibidos los abrazos, los besos o cualquier otra efusión de afecto o cercanía hacia conocidos. Los estadios quedaron en silencio, cines y teatros vacíos mientras restaurantes, shoppings y centros nocturnos se sumergían en una inactividad tan escalofriante como ruinosa.

Por más de un mes, casi dos, el país fue presa de una parálisis total, excepción hecha del campo que siguió trabajando y proveyendo una corriente continua de alimentos. Sólo los supermercados siguieron abiertos en esa primera etapa dura del aislamiento. Allí los paraguayos aprendimos que no se entra sin barbijo, sin lavarse las manos con jabón y alcohol en gel y sin que el cancerbero de la entrada nos tome la temperatura. Todo nuevo, como si de pronto desembarcáramos en otro país, con otras costumbres.

Los que no cambiaron para nada fueron los habituales ladrones del Estado que en época de pandemia adquirieron la figura del chacal carroñero. De arranque nomás un “alto” funcionario se destacó con una compra de mascarillas que costaban el doble de las quirúrgicas más caras y siete veces el precio de un barbijo común. A eso siguió otra denuncia por sobrefacturación de camas hospitalarias en una especie de “joint venture” de la tragada. Luego se supo que unos trajes de bioseguridad chinos no protegían ni el 50% y otras bellezas del folklore de la corrupción. Por todas partes se veían las huellas digitales de esos políticos basura enquistados en el Estado, con la correspondiente complicidad flagrante de “empresarios” tan sucios como ellos.

Entonces hizo carrera la frase “la normalidad tal como la conocíamos se fue para siempre”. Y mientras la inmensa mayoría trataba de adaptarse a la “nueva normalidad”, los parásitos de siempre medraban en la otra normalidad, la que sobrevivía en las sentinas, lugar que aman las cucarachas.

Así vivimos 2020.

Esperemos que 2021 sea mejor.

Necesitamos creerlo.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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