EL CANDIDATO
miércoles, abril 14, 2021
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La honradez al gobierno y la honestidad al poder

La diferencia entre honestidad y honradez es muy antigua y siempre ha generado diversas reflexiones que esta nota no pretende agotar. Muy por el contrario, en medio del mayor oleaje bravío de la Pandemia, estamos con el Capitán Sanitario fuera de juego, la sensación de ir sin rumbo y con el “Gran Timonel” que pareciera haber extraviado la brújula, a juzgar por sus últimas declaraciones. Nada de todo esto puede dar tranquilidad ni generar felicidad, en un país asustado, en permanente cadena de oración o abierta protesta, por los familiares que dejan este mundo en el momento menos pensado.

Volviendo a las HH, se dice que la primera significa tener rectitud de ánimo, integridad en el obrar. Por lo tanto, ser honrado implica proceder con honradez. ¿Procede así quien está ligado a una gestión concreta y urgente como la de estos tiempos?

Gestionar 1.600 millones, significa mucha transparencia y compromiso con una situación de urgencia que no admite la menor vacilación y menos tentaciones mundanas, políticas o aprendidas en la práctica cotidiana de la función gubernamental. Si usted ya lo hizo, tiene la magnífica oportunidad de corregir rumbos, rectificar conductas. Aquí no se está quedando con un vuelto para mejorar su condición económica. ¿Y si todos lo hacen, por qué yo no?  Se está quedando con la salud de un ser humano y usted y su familia, van a pasar a la historia como parte de los funcionarios gubernamentales más recordados y odiados. ¿Aún no se dieron cuenta de la diferencia?

La honestidad implica ser, por un lado, decente, razonable y justo; por otro lado, implica ser probo y recto. Antecedentes penales, judiciales y de otro tipo, dan cuenta de su paso por esta vida y cómo logró llegar a tener lo que tiene y exhibe diariamente sin mayor pudor. Total, para la gente forma parte del paisaje partidario paraguayo y a pesar que no les guste tanto, les sigue votando cada cierto tiempo. También ser intelectualmente honesto es acabar de una vez y para siempre el doble discurso que tiene saturada y en condición de hartazgo a la ciudadanía.

Un político incapaz de los que a usted rápidamente le afloran en su cabeza, cobra una buena millonada y es un hombre o mujer honrada. Cobra lo justo, más allá del monto. Pero si las cosas han empeorado en su ministerio, comisión parlamentaria o gestión vecinal, por su incapacidad o porque carece de los elementos mínimos para aportar soluciones, pasa directamente a la categoría de deshonesto. Hizo creer a la gente en campaña electoral o juramento una cosa y es totalmente otra y no tiene escrúpulos para seguir fingiendo y en algunos casos darnos clases de su escandalosa mediocridad y pobre formación.

Es necesario precisar las diferencias entre ejercer el gobierno y detentar el poder. Tampoco son lo mismo y su invisibilidad, exactamente proporcional a sus visibles ganancias.  Es preciso en estos tiempos de turbulencias, tratar de corregir rumbos, aprender de los errores e intentar, a partir del ejemplo, tratar de suponer que lo que viene no es peor que lo que se va.

Ciertamente es muy distinto para un funcionario de gobierno estar frente a situaciones cambiantes día a día y proceder siempre con honradez, frente a las distintas presiones que no son pocas. Las presiones vienen de gente que no es transparente en sus negocios, invierte 2 dólares y quiere ganar 8, las licitaciones las consigue fácilmente y siempre caen parados hasta en las peores componendas, que tienen estado público. Existen desde hace mucho tiempo y son los principales deshonestos del Paraguay. “Su discurso se agota en: generamos mano de obra y somos los principales contribuyentes”. Lo que callan, es que determinan políticas de estado, cambian ministros, nuevos funcionarios y hasta administran los temores del Señor. Presidente. Pero son gente honrada, que trabaja de sol a sol y gana su pan, perdón: su panadería, con el sudor de su frente.

La honestidad consiste por lo tanto en ponerse en el lugar hipotético de la propia vida futura y la de las generaciones pasadas y venideras y elegir en qué tipo de país vivirán los que le sucedan y los que están en los estratos más necesitados, sin salud ni educación, que no se resuelve con el “sacrificado regalo” de un aula o una sala de primeros auxilios. Estamos hablando de un sistema de Salud y de Educación dignos. Tal como han hecho los países que dejaron atrás el subdesarrollo  y la pobreza.

Es preciso que la honradez y la honestidad vayan de la mano. Que siempre habrá tensiones, no cabe duda. Lo interesante sería que pongan sus intereses al servicio de un mismo territorio, que tiene su propia historia, lengua, cultura, y hoy genera la ilusión de 7 millones de personas.

La semana pasada leí un twitter de Soledad Núñez, que me dejó pensando: “Nos quitaron todo, tanto que llegamos a pensar que los ciudadanos no tenemos el poder de cambiar las cosas… la corrupción corroe absolutamente todo, incluso la esperanza…”

Vino a mi mente casi por reflejo un viejo refrán: ¡No está muerto quien pelea! El pueblo paraguayo no está muerto y es un pueblo que dio las peleas más gloriosas de este continente, que la historia recuerda y las siguientes generaciones no deben olvidar.

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