viernes, mayo 15

La guerra en Oriente Medio sacude la energía, el comercio y las finanzas globales

Un análisis del Fondo Monetario Internacional advierte que el conflicto está afectando precios, cadenas de suministro y mercados financieros, con impactos desiguales entre países importadores y exportadores de energía.

La escalada del conflicto en Oriente Medio está generando ondas de choque que trascienden las fronteras de la región y alcanzan a la economía global. De acuerdo con un análisis publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), «los precios de la energía, las cadenas de suministro y los mercados financieros son los principales canales de transmisión», lo que explica por qué los efectos de la guerra se extienden más allá del campo de batalla y repercuten en mercados, empresas y hogares de todo el planeta.

El documento, elaborado por un equipo directivo del FMI integrado por Tobías Adrián, Jihad Azour, Nigel Chalk, Pierre-Olivier Gourinchas, Alfred Kammer, Abebe Aemro Selassie, Krishna Srinivasan y Rodrigo Valdés, advierte que la evolución del conflicto será determinante para medir la magnitud de su impacto. Sin embargo, subraya que, en todos los escenarios posibles, se espera un deterioro de las condiciones económicas globales, con presiones inflacionarias y desaceleración del crecimiento.

En particular, el análisis señala que «todo indica que los precios aumentarán y que el crecimiento se reducirá», reflejando un entorno complejo para la toma de decisiones económicas. Para países como Paraguay, que dependen de importaciones de combustibles y de la estabilidad de los mercados internacionales para colocar sus exportaciones, esta perspectiva exige atención y preparación.

UN «IMPUESTO ONEROSO» PARA IMPORTADORES

Uno de los principales mecanismos de transmisión identificados por el FMI es el mercado energético. Una proporción significativa del comercio mundial de petróleo y gas atraviesa puntos estratégicos en Medio Oriente, como el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente 20% del petróleo global. Cualquier disrupción en estas rutas eleva los costos de manera inmediata y afecta a las economías que dependen de importar estos insumos.

En este contexto, el aumento de los precios del combustible actúa como un «oneroso impuesto» para las economías importadoras, reduciendo su capacidad de consumo e inversión y deteriorando sus balances externos. Para Paraguay, que no produce petróleo y debe importar la totalidad de los derivados que consume, un repunte sostenido en los precios internacionales podría traducirse en mayores costos de transporte, logística y producción, con efectos en cadena sobre los precios internos.

Al mismo tiempo, el documento describe que los países exportadores de energía podrían beneficiarse de mayores ingresos en el corto plazo. No obstante, advierte que estos efectos positivos podrían verse contrarrestados por la volatilidad de los mercados y la incertidumbre global, que desalientan la inversión y complican la planificación económica a mediano plazo.

DISRUPCIONES LOGÍSTICAS Y PRESIÓN SOBRE LOS ALIMENTOS

El FMI también pone énfasis en las disrupciones en las cadenas de suministro como otro canal crítico de transmisión. El conflicto ha obligado a modificar rutas comerciales clave, incrementando los tiempos de transporte y los costos logísticos. Estas alteraciones están afectando el flujo de bienes a nivel global y generando presiones adicionales sobre los precios de productos esenciales.

Según el análisis, estos efectos incluyen insumos críticos como los fertilizantes, cuya producción y distribución dependen en parte de la estabilidad en regiones conflictivas. Un encarecimiento de los fertilizantes podría trasladarse a aumentos en los precios de los alimentos, impactando directamente en la seguridad alimentaria de los países más vulnerables.

LOS MÁS VULNERABLES Y EL ENDURECIMIENTO FINANCIERO

El organismo multilateral advierte que los países más vulnerables, especialmente aquellos con menor margen fiscal, podrían enfrentar mayores dificultades para absorber estos choques externos. La combinación de alimentos más caros, energía más costosa y condiciones financieras más restrictivas agrava los riesgos para las economías de bajos ingresos y limita su capacidad de implementar políticas de protección social.

En el frente financiero, el informe señala que la guerra ha incrementado la volatilidad en los mercados globales. Los inversionistas han reaccionado con mayor aversión al riesgo, lo que se traduce en el aumento de los rendimientos de los bonos y en condiciones de financiamiento más estrictas. Esto complica el acceso al crédito tanto para gobiernos como para empresas, particularmente en economías emergentes.

Además, el FMI subraya que este endurecimiento de las condiciones financieras se produce en un contexto ya desafiante, donde muchos países enfrentan altos niveles de endeudamiento. En ese sentido, advierte que «muchos países ya venían enfrentando niveles de endeudamiento sin precedentes», lo que limita su capacidad de respuesta ante nuevos choques externos.