lunes, marzo 1, 2021
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Asunción

La batalla ineludible
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Por etapas, al relevo, turnos de por medio, cuadrillas o de la manera que fuere, el año escolar deberá empezar a más tardar en marzo próximo. No hay margen para seguir perdiendo horas de clase porque el daño ya infligido a niños y jóvenes va a tardar mucho en ser restañado, si se logra.

Sería interesante saber si el Ministerio de Educación y Cultura, en sociedad con el Ministerio de Salud Pública, ha realizado aunque sea un intento de clasificación de los locales escolares según sus condiciones sanitarias.

Está más que claro que el año académico va a empezar sin vacunación a la vista, tanto para docentes como alumnos y padres o encargados. Por lo tanto, las condiciones deberán ser especialmente rigurosas en cuanto a la observación de las medidas básicas de protección.

Luego está la infraestructura edilicia, las disponibilidades de espacio, la constatación del estado de funcionamiento de las instalaciones sanitarias imprescindibles y el equipamiento apropiado para el inicio de la jornada con lavado de manos, desinfección y registro de temperatura corporal.

Se debería dar por hecho que el MEC y el MSP tengan registrados y validados los locales escolares que cumplen con todos estos requisitos excluyentes antes de autorizar el inicio de clases. ¿Es un hecho? Si no es así, se comprendería que tanto maestros como padres de alumnos se resistan a iniciar el año escolar. Y no estamos hablando de un imposible. Se supone que desde el año pasado ya debería haber iniciado el MEC esta tarea preparatoria. Y si no es así, ¿qué han estado haciendo durante todo este tiempo?

En prácticamente todo el mundo, salvo algunas excepciones, la enseñanza retornó ya a mediados del 2020. Hubo países en que se retomaron las clases, luego, ante los rebrotes de la pandemia, volvieron atrás para reanudarlas más adelante. Algo es evidente: la educación es considerada una actividad esencial y nunca se detuvo salvo por periodos cortos para capear lo peor de la enfermedad.

Este es un tiempo en el que la comunidad educativa deberá reinventarse o, si se prefiere, apelar al pensamiento lateral para resolver problemas estructurales que no se encararon en su momento por incapacidad, desidia o corrupción.

Lo que definitivamente no se puede hacer es permanecer de brazos cruzados.

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