martes, septiembre 22

JUVENTUD Y PREOCUPACIONES

La juventud es el período de la vida humana que precede a la madurez y procede la adolescencia y niñez. Periodo al que muchos quieren volver y/o no abandonarlo nunca más. Porque en este periodo no solo lucimos atractivos, sino porque en el mismo existe;

  • Alta capacidad de regeneración: Los procesos de reparación celular, la síntesis de colágeno y la cicatrización actúan a su máxima eficiencia.

  • Mayor densidad ósea y masa muscular: El metabolismo basal es más activo, lo que facilita el rendimiento físico y la recuperación tras el esfuerzo o lesiones.

  • Mecanismos de reserva fisiológica: Los sistemas cardiovascular, inmunitario y endocrino operan con mayor margen de adaptación ante exigencias o estrés físico.

  • Elevada neuroplasticidad: La capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones sinápticas alcanza su punto máximo, lo que optimiza el aprendizaje de idiomas, habilidades complejas y tecnología.

  • Velocidad de procesamiento: La agilidad mental, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva para cambiar de tarea operan a ritmos más elevados que durante la adultez o vejez

Depende de nosotros, los jóvenes, darnos cuenta de las ventajas que presenta este momento en nuestras vidas, cuidarnos y hacer lo que nos conviene y conviene a nuestros entornos sociales más importantes cómo los parientes, amigos, compañeros de trabajo, estudio, vecinos o con quienes nos toque comunicar diariamente para lograr nuestros objetivos.

O, los que compartamos con otras personas, que no existen solo para “fastidiar”, molestar o “hinchar las bolas” sino están por y para algo con vida, y si pueden oír, ver y responder entonces estas habilidades pueden servir para responder a unas complicaciones identificadas por el médico psiquiatra e investigador paraguayo Agustín Barúa Caffarena. quien dice que la salud mental de la juventud empeora por la falta de futuro, poco diálogo y menos oportunidades.

Entre las desventajas de tener una mala salud mental, cabe mencionar que existen;

1. Consecuencias en la salud física

  • Alteración del sistema inmunológico y endocrino: Trastornos como la ansiedad crónica o la depresión elevan de forma sostenida los niveles de cortisol y adrenalina, lo que debilita las defensas del organismo y favorece procesos inflamatorios.

  • Problemas cardiovasculares: El estrés sostenido aumenta la presión arterial y el riesgo de padecer enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares.

  • Alteraciones del sueño y somatizaciones: Aparecen insomnio o hipersomnia, problemas digestivos (como el síndrome de intestino irritable), dolores musculares crónicos y fatiga constante.

2. Deterioro cognitivo y emocional

  • Afectación de funciones ejecutivas: Se reduce la capacidad de concentración, la memoria de trabajo, la toma de decisiones y la resolución de problemas.

  • Sesgos cognitivos y rigidez mental: Aumenta la tendencia a la rumiación (bucles de pensamientos negativos), la indefensión aprendida y la dificultad para regular las propias emociones.

  • Pérdida de sentido y anhedonia: Disminuye la capacidad de experimentar placer, motivación o propósito en las actividades cotidianas.

3. Impacto en las relaciones interpersonales y la red de apoyo

  • Aislamiento social: La falta de energía emocional o el temor al juicio suelen llevar a la retirada progresiva de círculos familiares, de amistad o de pareja.

  • Aumento de la conflictividad: La irritabilidad, la hipersensibilidad o la dificultad para comunicar necesidades pueden tensionar los vínculos y generar distanciamiento con el entorno cercano.

  • Pérdida de la diferenciación y sobredependencia: En ocasiones se busca la validación externa constante o, por el contrario, se produce una desconexión afectiva total.

4. Consecuencias en el ámbito laboral, académico y económico

  • Caída del rendimiento y ausentismo: Aumenta la dificultad para cumplir con metas, lo que puede derivar en pérdida de empleo o abandono de estudios.

  • Costos directos e indirectos: Se incrementan los gastos asociados a tratamientos, medicación o consultas médicas, al tiempo que se reducen las fuentes de ingresos por incapacidad laboral.

Volver a conectar

Por eso si tiene a un pariente o ser querido que le toque vivir este momento alegre en su vida y tienda a no comunicarse con nadie, viva reflejando su rostro en espejos negros o evite abrirse con otros, sría oportuno que se le acerque y le pregunte que es lo que siente o piensa sobre lo que no le deja abrirse con otras personas

 Según dijo Barua el tema no puede analizarse sólo en esa franja de edad: hay que pensarlo de manera intergeneracional, en la relación entre adultos y nuevas generaciones de personas. El médico señaló que las juventudes hoy día atraviesan una realidad marcada por nuevas sensibilidades, debates y formas de entender el mundo, cada vez más tensas con la perspectiva tradicional y con la de nuestros padres, tíos, abuelos, jefes o profesores. El psiquiatra cuestionó la falta de escucha.

En lugar de sentenciar rápido las expresiones y conductas juveniles, dijo, los adultos deberían abrir espacio a sus inquietudes, proyectos y necesidades. También vinculó el bienestar con las oportunidades reales para armar un proyecto de vida. Mencionó trabas en educación, empleo, participación y perspectivas de futuro, que al no existir o no tenerlas claras frente a nosotros puede que incida en el perjuicio que sufra nuestra mente.  Según organismos internacionales (como la ONU y la OMS), el rango de edad suele abarcar desde los 15 hasta los 24 años, aunque en algunas legislaciones locales o políticas públicas se extiende hasta los 29 o 30 años.

Según criterios específicos determinados ese periodo de vida varía;

Criterios sociológicos y legales

  • En el ámbito legal / juvenil: En muchos países, los marcos normativos sobre derechos de la juventud consideran «jóvenes» a las personas de entre 18 y 29 años (pases de transporte, becas, programas del primer empleo).

  • Adultez emergente: En psicología y sociología actual, la franja de los 18 a los 29 años se denomina «adultez emergente», una fase de transición entre la adolescencia y el asentamiento de roles adultos tradicionales.

Criterios biológicos y perceptivos

  • Biología y salud: Desde el punto de vista del pico de rendimiento físico y densidad neuronal, la etapa plena suele ubicarse entre los 20 y los 35 años.

  • Percepción social: Diversas encuestas globales muestran que la mayoría de la gente ubica el fin de la «juventud» en torno a los 35 a 40 años, momento a partir del cual se suele categorizar la etapa como adultez plena o madurez.

No quiero hacer sentir inutil u obsoleto a nadie en particular,  por eso me detengo en la década en la que he entrado y donde todavía me siento joven y la que me ayudó a recuperarme luego de un fuerte accidente que tuve años atrás y que casi me lleva a la otra dimensión más la juventud, mi estado físico y otros factores hicieron que exista para compartir mis ideas sobre varios temas en esta columna.