viernes, junio 19

IGLESIAS Y CONFERENCIAS TRASCENDENTES

No estamos listos para aceptar el desarrollo de conferencias en iglesias, espacios diseñados para misas, más ayer me tocó participar de una conferencia titulada; “Dios familia y trabajo” dictada por el cura, sacerdote, presbítero, padre o pa’i tucumano Luis Zazano quien se inscribe en lo que se llama la nueva evangelización con alto uso de las redes sociales. 

Su mensaje gira en torno a tres ejes fundamentales:

1. El peligro de vivir desequilibrados (Las prioridades en la hora final)

El Padre Zazano suele partir de una fuerte analogía basada en su experiencia pastoral acompañando a enfermos terminales. Explica que, en los últimos momentos de vida, nadie pide que le traigan su título universitario, sus cuentas bancarias, sus decretos laborales o cuántos likes acumuló en redes sociales.

En ese «instante» crucial de la existencia, lo único que verdaderamente le importa al ser humano es:

  • ¿Cómo está mi relación con Dios (y si voy al cielo)?

  • ¿Cómo está mi relación con mi familia (para poder morir en paz)?

Su crítica constructiva apunta a que muchas veces gastamos toda nuestra energía diaria persiguiendo el éxito laboral o material, descuidando precisamente las dos únicas realidades que mantendrán su valor al final del camino.

2. Integrar, no dividir (La presencia de Dios en lo cotidiano)

Zazano plantea que el trabajo y la fe no deben ser compartimentos estancos. Propone vivir el trabajo diario como una forma de dar gloria a Dios y de colaborar con la creación, pero advierte sobre la «esclavitud moderna» de vivir alienados por la productividad.

  • El éxito verdadero, según su perspectiva, no es acumular bienes, sino estar a gusto con la propia realidad, en la propia piel, logrando que el corazón no esté dividido por dentro.

  • El trabajo debe sostener a la familia, no destruirla ni suplantarla.

3. Abrazar la realidad frente a la expectativa

En sintonía con sus reflexiones cotidianas, la charla enfatiza la necesidad de bajar las expectativas excesivas (que sólo generan frustración y desconexión familiar) y empezar a disfrutar la realidad del día a día. Propone valorar lo que hoy se tiene —la salud, los vínculos, el pan cotidiano— entendiendo que el «instante» presente es el único lugar donde se construye la eternidad y el encuentro auténtico con los que amamos.

Lecciones a aprender 

Participe de la charla con amigos sexagenarios que me dijeron no haber recibido tan bien el mensaje porque el código usado apuntaba a llegar más a jóvenes que a mayores de edad, que también estuvieron masivamente en la parroquia San Pedro y San Pablo de la ciudad de Asunción, que tiene a personas de muchas edades, géneros, niveles sociales, formación académica, religiones, tendencias políticas, formas de pensar y sentir sobre temas particulares

Su conferencia es un llamado a «bajar un cambio», ordenar las prioridades y recordar que trabajamos para vivir y sostener nuestros afectos en Dios, y no al revés. Como suele cerrar en sus reflexiones: «Venimos sin nada y nos vamos sin nada… hasta el cielo no paramos», mientras trabajamos para llegar allí nos toca vivir en orden y bien para y por nosotros y otras personas que tengamos en la familia, estudios, trabajo o donde nos toque relacionarnos con otras personas.