El silencio es la ausencia de cualquier tipo de sonido o ruido, el sonido es el canal físico que nos conecta con el entorno, escuchar es la acción cognitiva y psicológica de procesar esa información para darle sentido. Mientras que oír es un acto puramente biológico e involuntario, escuchar requiere atención, intención y energía. Ahora la psicología ha llegado a la conclusión de que las personas de entre 55 y 75 años tienen una mayor tolerancia al silencio en comparación con las generaciones posteriores.
El silencio, lejos de ser simplemente la «ausencia de sonido», funciona como un espejo psicológico y social increíblemente potente. A muchas personas les incomoda, les irrita o incluso les genera una profunda ansiedad porque el silencio es activo, no pasivo. Cuando el ruido del entorno se apaga, otras dinámicas internas se encienden. Hoy día vivimos en la era de la hiperestimulación. El ruido ambiental, las notificaciones y la música constante actúan a menudo como analgésicos cognitivos: mantienen nuestra atención fija en el exterior.
En un mundo donde el silencio es más bien escaso y el ruido lo llena todo, los momentos de calma parecen haberse convertido en una excepción. Y esos lapsos de tiempo son tolerados o mejor manejados por personas entre 55 y 75 años, o también conocidos cómo la generación “baby boomer” (nacidos entre 1951 y 1964).
Pocas opciones en la vida real
Las notificaciones del móvil, los vídeos constantes, la música de fondo y la necesidad de estar siempre conectados han cambiado la forma en la que muchas personas se relacionan con los momentos de calma. Sin embargo, hay una generación que parece vivir el silencio de una manera completamente diferente, son nuestros padres, tíos y/o abuelos.Que también están entrando a ocupar sus oídos en la experiencia aturdidora de ocupar sus oídos u ojos en los artilugios de comunicación, trabajo, estudio o entretenimiento, que cómo generaciones más recientes no tenemos porque dejar de usar las herramientas solo manipularlas bien y no dejar que las mismas nos manipulen y terminen distrayendonos, frustrarnos o haciendo que gastemos dinero en cosas que no usaríamos.
Debemos tener en cuenta que las personas que nacieron en los años 1950 y 1960 no empezaron a trabajar pronto por vocación, sino porque no tenían otra alternativa y vivieron experiencias que les habrá servido para lograr concentrarse más y distraerse menos, que desafortunadamente presentamos las generaciones más reciente que no debemos sentirnos menos o afecte nuestro rendimiento, mente o espíritu en nuestros estudios, trabajo, con la familia o amigos, sino identificar las bondades de la juventud, nuestro tiempo y las herramientas que no tuvieron nuestros padres, tíos o abuelos ayer para entre nosotros.
Particularmente podemos diseñar y construir proyectos colectivos o individuales que en lo posible suenen bien para nosotros y otras personas que se sienten acompañadas al escuchar u oír algo y así puedan pensar bien y en orden para que podamos empezar, desarrollar y terminar bien un proyecto académico, laboral o lo que ocupe nuestra mente que debe estar enfocada en lo que nos toque realizar para concluir bien cualquier cosa que nos propongamos o nos encomienden realizar.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
