Imagino que en algún momento en una reunión entre parientes o amigos habrá surgido alguna vez la típica frase;”los de mi generación éramos más fuertes”, no nos quejabamos mucho y “hacíamos lo que se debía, cuándo, dónde y cómo sea”, “una vez comprometidos con lo que o quien sea no lo abandonamos hasta terminar un proyecto empezado”. “¡Hoy día es increíble lo frágiles y vulnerables que se muestran a lo que sea!”. La psicología ahora estudia el por qué la generación nacida en los años 60 desarrolló la capacidad de asumir con flexibilidad situaciones límite, sobreponerse a ellas e incluso salir fortalecidos.
Fortalezas que vienen de lejos
La ciencia que estudia la mente lo llama la “resiliencia silenciosa”, y es un mecanismo que los científicos están intentando descifrar. Hubo un tiempo en el que la infancia no se vivía, se atravesaba. Nadie ponía nombre a lo que dolía ni se abrían espacios para verbalizar emociones. La vida seguía, y con ella los niños aprendían a orientarse en un mundo que no estaba diseñado para protegerlos de cada posible caída. Ellos son nuestros padres, tíos y en algunos casos abuelos, maestros. jefes o cualquier persona mayor de edad que conozcamos, por ejemplo desde una perspectiva sociológica, autores como Byung-Chul Han sugieren que el tipo de esfuerzo ha cambiado.
- Antes: El cansancio era principalmente físico y ligado al deber externo (el «deber hacer»). Las dificultades eran materiales y tangibles, lo que forjaba una resistencia ante la carencia.
- Ahora: Vivimos en la «sociedad del rendimiento», donde la presión es interna (el «poder hacer»). Esto genera un agotamiento mental diferente: estrés, ansiedad y burnout. No es que la generación actual sea «débil», sino que sus batallas son invisibles y psicológicas.
Otras explicaciones van hacia la;
- Actividad Funcional: Las generaciones anteriores tenían estilos de vida con mayor movimiento funcional (caminar más, trabajos manuales, menos sedentarismo).
- Nutrición: El consumo de alimentos ultraprocesados es un fenómeno reciente. Las dietas basadas en alimentos integrales y grasas saludables (como la dieta mediterránea o atlántica) favorecían una estructura ósea y muscular distinta.
- Marcadores Biológicos: Estudios han mostrado que la fuerza de agarre (un indicador de salud general) ha disminuido en hombres jóvenes en las últimas décadas, posiblemente por el cambio en las actividades cotidianas.
Incluso El estudio de los superagers (personas de 80 años con cerebros de 50) revela que la «fortaleza» no solo era física, sino cognitiva. Estos individuos suelen compartir hábitos:
- Alta interacción social presencial.
- Retos cognitivos constantes.
- Exposición moderada a factores de estrés (hormesis), lo que fortalece el sistema inmunológico y el cerebro.
En 1966, la psicóloga estadounidense Diana Baumrind definió tres estilos de crianza que marcarían décadas de estudio. Mientras tanto, quienes crecían en ese momento no necesitaban categorías. Vivían una infancia donde la autonomía no era una opción, era la norma.
Aprender a incomodarse
Por otro lado, los niños de los sesenta practicaban la “tolerancia al malestar” a diario sin saberlo. Esperaban, se frustraban, se aburrían. Nadie llenaba esos vacíos. Hoy día se controla, supervisa o corrige ya con exceso a los niños, que puede llevarnos a tener a personas mayores dependientes, bitongos o quien haya crecido con muchos privilegios, que no está acostumbrado al esfuerzo o se comporta con cierta soberbia o delicadeza excesiva. Y el convivir con este tipo de personas presenta los sgtes riesgos;
- Asimetría en las Cargas Domésticas: el riesgo más inmediato es el desequilibrio en las tareas del hogar. Un «bitongo» suele haber crecido en un entorno donde sus necesidades eran resueltas por otros.
- Baja Tolerancia a la Frustración: Para alguien acostumbrado a que las cosas se hagan a su manera y en su tiempo, los conflictos naturales de la convivencia pueden escalar rápidamente.
- Falta de autonomía y resolución de problemas.
Por eso es importante hoy día cómo padres o responsables de niños enseñarles a tomar riesgos y ver cómo “se las arreglan”, siempre con atención y cuidado sin extremar las condiciones de la prueba para evitar complicaciones.
Tendemos a recordar a los más fuertes y saludables del pasado porque fueron quienes prosperaron y llegaron a edades avanzadas. Además, las generaciones pasadas crecieron bajo el concepto de modernidad sólida (estructuras claras, empleos estables, reglas fijas), mientras que hoy navegamos en una modernidad líquida, donde existe la incertidumbre constante y esto requiere una flexibilidad que a veces se confunde con fragilidad.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
