viernes, abril 24

FOBIAS EXTRAÑAS

La fobia es la aversión exagerada a alguien o a algo o el temor angustioso e incontrolable ante ciertos actos, ideas, objetos o situaciones, que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión. No existe un número oficial o definitivo de fobias.

Ahora me tocó conocer una fobia que es nueva para mi y se llama el Almafobia, que se clasifica dentro de las fobias específicas y está muy ligada a lo sobrenatural. La palabra almafobia es un neologismo (una palabra de creación reciente) que mezcla raíces de dos idiomas distintos, algo que en lingüística se llama un híbrido. No es el miedo a nuestra o el alma de otras personas. La curiosidad sobre esta fobia viene del artículo de un medio de comunicación argentino, que en parte de su título lo acompaña diciendo que;” el verdadero miedo no es a la inteligencia artificial, sino a nosotros mismos”.

No es raro que no tengamos miedo a lo que sea, es tan normal cómo el respirar, ver, escuchar o sentir lo que ocurra donde estemos cuando sea. Lo experimentamos desde nuestra concepción y el primer contacto con el mundo al salir del vientre de nuestra madre o primer hogar en nuestra vida. Donde quizá tenemos miedo de salir del vientre donde comimos, nos movimos e interactuamos con los órganos de nuestra madre y con lo que hayamos escuchado o sentido fuera de su panza o lo que nuestra progenitora haya consumido, escuchado, visto o escuchado. La conexión no solo biológica con ella sino también nerviosa, un sistema que debe ser cuidado cómo cualquier sistema en nuestro organismo porque su función principal es recoger información del mundo exterior y del propio organismo, procesarla y enviar órdenes para que el cuerpo reaccione.

Nuevos descubrimientos

Ahora según el artículo se da un miedo al descubrimiento de nuestra interioridad. El miedo a detenernos y mirar qué nos está pasando por dentro, a preguntarnos sobre nuestra vida y nuestro propósito en ella.

La almafobia no es un diagnóstico clínico. Es una forma de nombrar una experiencia cultural cada vez más extendida: la dificultad para habitar el propio mundo interior. No porque no tengamos vida emocional, sino porque no tenemos tiempo, espacio ni entrenamiento para escucharla. Preferimos la distracción permanente antes que el contacto con preguntas que no se responden con un simple clic o scroll de youtube o tik tok.

Y las consecuencias no son menores, son: niños estresados, adolescentes y jóvenes con altos niveles de ansiedad, adultos agotados emocionalmente, docentes desbordados. Líderes que toman decisiones estratégicas sin tiempo para pensarlas, vínculos cada vez más frágiles en una sociedad que parece haber perdido su centro real y de referencia que sirva para la existencia de armonía e indicación de puntos cardinales que indiquen a dónde o cómo ir ante cualquier amenaza que exista particular o colectivamente.

El texto escrito por Adriana Sirito añade que hoy día estamos sobrepasados de tecnología, que convive con una extrema ausencia de interioridad que debemos rescatarla.

.