spot_imgspot_img
EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
15 C
Asunción

Esencial
E

/

/

Hemos aceptado con pasmosa docilidad una serie de nuevas categorías, digamos, sociales producto del virus chino que nos puso de rodillas. La situación de alerta roja en lo peor de la pandemia nos obligó a hacerlo y ahora imperan sobre nosotros casi sin darnos cuenta.

Si Ud. tiene más de 65 años es “vulnerable”. Debe quedarse en casa. ¿Tiene permiso de circulación? Si no lo tiene, debe volver a su casa. ¿Tiene certificado de trabajo? De la respuesta dependerá si sigue su camino o debe volver por
donde vino.

Son más de las 22.00. Está prohibido circular. Póngase el tapabocas. Se arriesga a una multa si no lo hace.
Con niños en el auto, no. Vuelva a su casa. Y así hasta el infinito. Hemos aceptado todo esto como algo imprescindible, como única arma para defendernos de la enfermedad, por lo menos, hasta que salga la vacuna.
Pero tal vez la peor de todas sea esta: ¿A qué se dedica Ud… ah, administrativo en un shopping. No es trabajador esencial. Vuelva a su casa.

Pocas subcategorías deben ser más humillantes y que provoquen tanta impotencia como ser catalogado “no esencial”. La vieja Academia nos orienta un poco al respecto. “Sustancial, principal, notable” dice el diccionario. Y ejemplifica: “La racionalidad es esencial en el ser humano”. Algo indisoluble, que define y caracteriza la condición de ser humano. ¿Y el trabajo, no es esencial? Ah, eso depende del “rubro” en el que se inscriben trabajo y trabajador, decreta la pandemia.

¿Producís comida, atendés enfermos, sos policía o militar? Sos esencial. ¿Sos jardinero, cocinás en un restaurant, atendés una librería? No sos esencial. Así fue durante el periodo más duro de la pandemia y aún sigue siéndolo en muchos aspectos. ¿Cómo, dar de comer a la familia y sostener su dignidad, como lo veníamos haciendo, no es
esencial?

Claro, se entiende, cuando la vida depende de medidas heroicas no hay tiempo para sutilezas ni explicaciones elaboradas. Cuando el Titanic se hundía su capitán decretó “niños y mujeres primero” (¿los esenciales?) y así quedó en adelante, hasta que a alguien se le ocurrió poner botes para todos.

Sin duda, la pandemia nos pilló como al Titanic hundiéndose después de chocar. Para el futuro, habrá que ir pensando otras soluciones, en donde lo esencial recobre su significado y, dejando de ser un adjetivo, recupere su sustancialidad.

Seguí leyendo