Enseñar es un acto de mediación y transmisión cultural. No se limita a la mera descarga de información de una cabeza a otra; el proceso intencional de facilitar que otra persona construya su propio conocimiento desarrolle habilidades y adopte valores.
Este verbo o ejercicio existe desde que el ser humano está en la tierra, nuestros parientes ya nos empiezan a educar a ponernos de pie, caminar, hablar, pronunciar las palabras, los conceptos de las mismas y nuestro comportamiento en reuniones sociales, al estar con coetáneos o personas mayores.
Todos enseñamos y aprendemos desde llegar al mundo hasta partir del mismo. Hablando con sus padres o abuelos ya habrán escuchado la frase; “antes se enseñaba o aprendía mejor que ahora”, y puede que tengan razón porque Cuanto más digital se vuelve la educación, más evidente resulta una conclusión incómoda. Leer textos complejos y escribir a mano siguen siendo las únicas prácticas que garantizan un aprendizaje profundo y duradero.
Los principales inconvenientes de la enseñanza digital son;
El impacto en la atención y la cognición:
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Fragmentación de la atención (Hiperatención): El entorno digital está diseñado para la gratificación instantánea. Pasar de una pestaña a otra o el uso de hipervínculos fragmenta la capacidad de concentración profunda. Se fomenta una lectura superficial («en diagonal») en detrimento de la comprensión lectora compleja y el pensamiento crítico.
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Consecuencias neurobiológicas y físicas:
Sobreestimulación y fatiga cognitiva: La exposición prolongada a las pantallas satura el sistema de recompensa del cerebro mediante picos constantes de dopamina, lo que paradójicamente genera apatía hacia las tareas que requieren un esfuerzo sostenido y lento (como leer un libro físico o resolver un problema complejo)
a erosión del vínculo humano y social
Pérdida del «anclaje» empático: La enseñanza no es solo transmisión de datos; es un acto profundamente humano que se nutre del lenguaje no verbal, la mirada, el tono de voz y el entusiasmo del profesor en el aula. La pantalla actúa como un filtro que enfría esa conexión y dificulta la co-regulación emocional que ocurre de manera natural en un grupo presencial. Cómo aprendíamos algunos de nosotros, nuestros padres, tíos y abuelos años atrás.
El argentino Martín Nicolás Parolari dice; cuanto más digital se vuelve la educación, más evidente resulta una conclusión incómoda. Leer textos complejos y escribir a mano siguen siendo las únicas prácticas que garantizan un aprendizaje profundo y duradero. E incluso que la digitalización prometía mejorar la enseñanza, pero la evidencia empieza a señalar otra cosa. Comprender de verdad sigue dependiendo de procesos más lentos y menos tecnológicos.
Entre sus otras encontradas en la red se destacan también;
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– La inteligencia artificial como la nueva alfabetización obligatoria:
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Al reportar sobre las vanguardias educativas globales (como las recientes reformas curriculares en China), Parolari destaca un cambio de paradigma histórico: entender = Lla IA se está volviendo tan fundamental como saber leer o escribir. Explica que la enseñanza ya no puede limitarse al uso superficial de las tecnologías, sino que debe integrar de manera obligatoria la comprensión de sus principios lógicos y matemáticos desde la infancia primaria (los 6 años en algunos modelos asiáticos) para preparar a las generaciones de cara a un entorno profundamente automatizado.
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La brecha socioeconómica y la desigualdad educativa:
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A nivel regional y latinoamericano, Parolari ha puesto el foco en cómo los sistemas educativos están lidiando con la disparidad en los rendimientos escolares de áreas troncales como Lengua y Matemática. Señala que la falta de equidad en el acceso a recursos de calidad profundiza la brecha entre sectores vulnerables y altos, advirtiendo que las políticas de enseñanza deben priorizar la igualdad de oportunidades desde las bases para evitar que la brecha se vuelva irreversible en el rendimiento adolescente.
Por eso quizá sería útil volver al pasado, los dictados, redacción creativa o lectura e interpretación para hacer efectivos los ejercicios de enseñar y aprender apropiadamente, cómo lo hicieron nuestros padres, tíos o abuelos.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
