Un nombre que resuena en la prensa local e internacional es el de Elon Musk de 53 años y con ciudadanía sudafricana (desde 1971), canadiense (desde 1989) y estadounidense (desde 2002). Un hombre misterioso desde su identidad y su función en el estado americano que ahora lo puso para presidir DOGE o Departamento de Eficiencia Gubernamental. Existe para “maximizar la eficiencia y la productividad gubernamental” en el periodo que ahora administra Donald Trump hasta el 2029. Tiempo en el que quiere volver a “hacer grande a los EE.UU, un desafío superlativo por lo que representa este país geográficamente, su población. Además por la cantidad de empresas e iniciativas de muchos estadounidenses que buscan ser millonarios o billonarios tratando de imitar a compatriotas que han logrado ese nivel financiero por haber sincronizado lo que produjeron, el tiempo y la demanda que existió en los EE.UU y el mundo.
Entre algunas empresas conocidas de Musk tenemos a;
SpaceX, Tesla, Inc., SolarCity Corporation, Neuralink, La compañía de la perforación, Twitter, Inc. En las últimas seis semanas, el valor de las acciones de Tesla se han desplomado cerca de un 40 por ciento, cancelando prácticamente todo lo que habían ganado tras las elecciones de 2024. Año que ha quedado atrás semanas atrás y en esos 365 días varias promesas políticas públicas y privadas al ciudadano o consumidor de cualquier producto que se le ofrezca en periodos de proselitismo o lo que veamos y escuchemos de cualquier dispositivo donde sentimos el trabajo del marketing que trabaja para ubicar un producto o persona en el mercado para que este lo apruebe o consuma.
Conflictos de interés
Las grietas resultantes en el imperio de Musk están empezando a aparecer. Y esto preocupa al funcionario público estadounidense cómo a los empleados de sus empresas que a su vez se encuentran que y donde podían hacer cosas para estar empleados y poder cubrir sus necesidades con el salario que se les pague. A través de eso tiene la posibilidad de extender su vida si es reinvertido, ahorrado y no terminar cayendo en el círculo consumista. Uno que no nos lleva necesariamente a tener algo que lo usemos con frecuencia para producir bienes o servicios sino solo para acumular cosas que servirán para ocupar un espacio en nuestra habitación u oficina.
A lo que experimenta Musk ahora se lo etiqueta cómo que su “#burbuja está a punto de estallar#”. Una realidad compleja para un hombre que maneja 358.000 millones de dólares y emplea alrededor de 140.000 personas en sus empresas que si no encuentran la forma de establecerse y lograr responder las demandas del consumidor final, sosteniendo su existencia de esta manera puede dirigirlo a la quiebra y pérdida de lo que quiso empezar dañando los intereses de sus inversores

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
